Y en agosto… ¿notificaciones?

Notificaciones en agosto de la AEATCorría plácida y tórridamente el mes de agosto de 2009 cuando una Administración de la AEAT de Barcelona intentó, sin éxito, notificar un acuerdo sancionador a un contribuyente en su propio domicilio. Ante lo infructuoso de ese primer intento (el destinatario estaba ausente; cosa del todo lógica dadas las fechas), la AEAT lo intentó al día siguiente, siendo así que nuevamente fue imposible consumar la notificación pues las vacaciones -cuando las hay- es lo que tienen, que suelen durar algo más de un día…

Sea como fuere, la AEAT consideró que había cumplido con las formalidades legales a los efectos de la notificación y, consecuentemente con esa interpretación, procedió a la publicación en el Boletín Oficial de la Provincia (BOP) que, como es bien sabido, es de lectura obligada por todos los ciudadanos a la vez que se toman el primer café de la mañana y se leen el MARCA. La cuestión es que el ciudadano en cuestión sólo toma conocimiento de tales actuaciones cuando la AEAT, ya medio año después, le notifica la pérdida de la reducción por conformidad (obviamente por impago de la sanción reducida, pues es raro que alguien pague aquello que siquiera desconoce que se le reclama), siendo entonces cuando ya impugna esa actuación y la anterior ante el TEAR.

El TEAR entiende que la reclamación ha sido extemporánea y la inadmite, decisión que el reclamante recurre ante el TSJ-Cataluña que, en su sentencia de 29/5/2014, señala que “como se recoge, por todas, en la STS de 22 de noviembre de 2012 (Casación 2125/2011 ), la notificación edictal o por anuncios es rigurosamente excepcional, en tanto que debilita las posibilidades materiales del destinatario del acto de conocer su contenido y reaccionar frente a él. El Tribunal Constitucional se ha pronunciado en la línea de que la notificación por edictos tiene un carácter supletorio y excepcional, debiendo ser reputada como el último remedio, por lo que únicamente es compatible con el artículo 24 de la Constitución Española si existe la certeza o, al menos, la convicción razonable de la imposibilidad de localizar al demandado ( sentencias 152/1999 , FJ 4º; 20/2000, FJ 2 º, y 53/2003 , FJ 3º). Como doctrina general sobre le tema merece señalarse, por su proximidad temporal, la sentencia de este Tribunal de 28 de junio de 2012 que compendia dicha doctrina general sobre las notificaciones de los actos tributarios (…)”.

No contento con ello, el TSJ añade que “si acudir a la vía edictal o por anuncios es excepcional y extraordinario, solo cuando se agote(n) los medios a disposición de la Administración que aseguren la imposibilidad de la notificación personal; resulta evidente que cuando no consta que el interesado adoptara un conducta obstructiva o negligente y éste no ha llegado a tener conocimiento del acto, el requisito primero e insoslayable para que la Administración pueda utilizar medio tan excepcional, es haberse atenido en su proceder a las exigencias legales que procuran la validez y eficacia de las notificaciones personales. (…) En el presente caso y dado que las notificaciones del acuerdo de imposición de sanción tuvieron lugar los días 6 y 7 de agosto de 2009, entendemos que falta la creencia racional de poder localizarle en tales fechas de “vacaciones estivales” siendo que el domicilio del recurrente resultaba conocido por lo que la Sala entiende que el segundo intento de notificación durante el mes de agosto cuando el primer intento resultó infructuoso por encontrarse ausente es cumplir una mera formalidad que le ha privado al administrado de su constitucional derecho de defensa”.

Parece obvio que esta plausible interpretación judicial, de prosperar y generalizarse, podría abrir un boquete de consecuencias imprevisibles en el sistema de notificaciones de la AEAT (y administraciones análogas), razón que sin duda pesó (bastante más que la cuantía en juego, que no superaba los 3.500€) en la valoración de la Abogacía del Estado a la hora de decidir la interposición de un recurso de casación en interés de Ley ante el Tribunal Supremo.

¿Y cuál fue el parecer del TS sobre este interesante asunto sometido a su análisis? Pues en su sentencia de 13/5/2015, señala que. “se infiere de este razonamiento que el hecho de realizar las notificaciones en el mes de agosto es lo que ha llevado al órgano jurisdiccional a considerar que las notificaciones efectuadas no llegaron a conocimiento del sujeto pasivo. Esta conclusión, por sí sola, no puede ser asumida pues la ley, específicamente el artículo 112 de la LGT, no excluye el mes de agosto como mes para efectuar notificaciones. En materia de notificaciones hemos declarado de modo reiterado que el incumplimiento de los requisitos formales de las notificaciones no les priva de efectos cuando el órgano jurisdiccional, en virtud de las circunstancias concurrentes, llega a la convicción de que el obligado tributario ha recibido la comunicación objeto de notificación. Contrariamente, y por idéntica razón y pese a cumplirse los requisitos legales, el Tribunal llega a la convicción de que la notificación no ha llegado a conocimiento del interesado, lo que le permitiría privar de efectos a la notificación efectuada”.

Ítem más: “el órgano jurisdiccional puede no dar validez a notificaciones realizadas en el mes de agosto y en el domicilio del interesado cuando en virtud de las circunstancias concurrentes llega a la convicción de que la notificación no ha llegado a conocimiento del interesado. Es este el punto en que no es asumible la doctrina que el Abogado del Estado preconiza pues excluye la “presunción del órgano jurisdiccional” (naturalmente en función de los datos obrantes en autos) para dar valor a notificaciones celebradas con el cumplimiento de las formalidades legalmente requeridas. No parece razonable asumir que la incorrección formal de las notificaciones sea irrelevante cuando el Tribunal llega al convencimiento de que el sujeto pasivo la ha recibido y no otorgar el mismo valor a la convicción del Tribunal cuando opera en sentido opuesto, es decir, cuando la notificación se ha efectuado de modo formalmente correcto, pero en virtud de las circunstancias concurrentes, apreciadas libremente por el tribunal, se llega a la convicción de que la notificación no ha llegado a conocimiento del interesado”.

Ergo, y ya para concluir: ahora que ya se aproxima el paréntesis vacacional prototípico (el de agosto), mucho “cuidadín” pues en última instancia dependerá de “las circunstancias concurrentes, apreciadas libremente por el tribunal”, el que los intentos de notificaciones en plena calima se consideren -o no- jurídicamente ortodoxas. ¡Ojo al dato!

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Javier Gómez Taboada. Abogado tributarista.

Socio de MAIO LEGAL

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