Sobre el sistema (o la ausencia de, según)

Dice -y creo que dice bien- el magistrado de la Audiencia Nacional, Navarro Sanchís, que “la normativa fiscal se arracima, desde la perspectiva constitucional, en la consecución de un sistema tributario justo, idea que los tributaristas siguen afanosamente pesquisando, pero donde no es de menor valor la palabra sistema que la palabra justo -pues sin sistema no hay justicia-”. Y en esta clarividente denuncia vendría a coincidir con Klaus Vogel, el venerado experto tributario alemán, cuando este afirmaba que “los principios jurídicos en que se basan -o deberían basarse- nuestras leyes tributarias ya no se respetan, sino que se han vuelto irreconocibles. Se han visto tan forzados y deformados por numerosas modificaciones, adiciones, excepciones y excepciones a las excepciones, que ya no son reconocibles como intentos de conseguir una distribución justa de la carga tributaria. Es cierto que el Derecho tributario se había convertido ya hace mucho tiempo -al menos desde la Primera Guerra Mundial- en un ámbito jurídico complicado e inabarcable para quien no fuese un experto. Pero desde los años setenta y ochenta son más frecuentes las manifestaciones de magistrados, abogados y profesores que designan el Derecho tributario vigente como ‘caos’, ‘jungla’ o incluso ‘perversión’”. Precisamente por ello adquieren tanta relevancia las elevadas aspiraciones del conocido como “Informe Mirrlees” que, aunque relativo al sistema fiscal británico, bien podría servir de orientación al que ahora se elabora en España y que aspira a poner las bases de nuestro futurible sistema fiscal.

Pero las cosas son como son (recordemos que así lo propugna la mismísima Ley General Tributaria en su vidrioso artículo 13) y no como quisiéramos que fuesen, siendo así que ya los tribunales se han hecho eco de la condición manifiestamente mejorable de nuestro andamiaje tributario; así el TSJ-Extremadura, en su sentencia de 31/10/2008, lo denuncia sin ambages: “el artículo 31 de la Constitución se refiere a un sistema tributario justo, (…), pero nuestro sistema tributario es el que es, no el que pueda entenderse más justo o adecuado por la Administración o los particulares”.

Y en ésas estamos. Vean si no la “perla” que hoy les traigo: la Dirección General de Tributos (DGT), en su contestación V2162/13 del pasado 2/7, aborda ese controvertido punto relativo al grado (total o parcial) de la bonificación aplicable en el impuesto sobre sucesiones y donaciones (ISD) a las empresas familiares en cuyo seno haya activos no afectos (¡ay!, la siempre resbaladiza afección) a la actividad económica desarrollada. Y es que ya es sabido que, mientras que la normativa propia del impuesto sobre el patrimonio contempla, expresamente, que la concurrencia de esa circunstancia determinará una exención parcial, no ocurre lo mismo con la bonificación del ISD que, a este respecto, mantiene un escrupuloso silencio y, ya se sabe, “donde la ley no distingue…”. Es decir, que con la ley en la mano sería dable entender -como, de hecho, se venía haciendo hasta la fecha- que la no afección de ciertos activos no debería penalizar el grado de bonificación aplicable en el ISD a su transmisión.

Pues va a resultar que no; la DGT entiende que “habida cuenta que las dos reducciones por adquisiciones mortis causa e intervivos exigen como condición sine qua non para su efectividad la exención en el Impuesto sobre el Patrimonio de los elementos transmitidos (…) parece lógico entender que ese vínculo entre ambos impuestos, expresión del propósito de favorecer la transmisión generacional de actividades económicas y participaciones, lleve consigo que la proporcionalidad en el impuesto patrimonial que resulta del párrafo antes reproducido se traslade o surta efectos en el ámbito propio del otro impuesto (…)”, afirmación esta que le lleva a concluir que “en consecuencia, (…), cabe señalar que razones de lógica y coherencia interna del mecanismo a que se ha hecho referencia, así como de justicia tributaria, avalan que el porcentaje de reducción haya de operar sobre el importe que resulte exento del valor de los elementos de que se trate, si bien tomando en consideración no el valor contable sino el valor real de los mismos, pues éste es el que se toma en consideración en el Impuesto sobre Sucesiones y Donaciones”. O sea, que esta vez la balanza parece haberse inclinado del lado de la unicidad en detrimento del principio de estanqueidad, alimentando así ese tan carpetovetónico debate acerca del método idóneo de interpretar/aplicar nuestro maltrecho sistema fiscal (si es que aún fuera merecedor de tal consideración).

Y, por asociación de ideas, una breve -pero obligada- mención a la reciente sentencia del Tribunal de Justicia de Luxemburgo del pasado 17/10 en la que concluye que es contraria al Derecho de la Unión una normativa nacional que diferencia la aplicación de una reducción en la base imponible del ISD en función del lugar de residencia. Este asunto vendría a augurar que, más allá del propio cuestionamiento interno de nuestras diferencias autonómicas (véase el post del pasado 24/9), quizá sea en las instancias comunitarias desde donde se venga a poner orden en nuestra particular “geometría variable”… Tiempo al tiempo.

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Javier Gómez Taboada. Abogado tributarista

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4 respuestas a Sobre el sistema (o la ausencia de, según)

  1. Ignacio Arráez dijo:

    Interesante como siempre que escribes Javier.

    Simplemente añadir que existen varias sentencias contrarias al criterio establecido por la DGT en tema de la bonificación en sucesiones. En concreto en Madrid recuerdo un par de ellas como mínimo del TSJ

    Sin embargo el TEAC dice lo contrario.

  2. En efecto, las hay del TSJ de Madrid (1/3/12) y del TSJ de Extremadura (la mencionada por Javier). Se abre otro debate que se augura eterno -e inquietante-.
    Muy interesante reflexión.
    Esaú

  3. Juan dijo:

    Impecable e implacable.

    No deja de llamarme la atención cómo la Administración Tributaria aplica ese principio de unicidad o estanqueidad a conveniencia. Y siempre me viene a la cabeza el mismo ejemplo: el Impuesto sobre el Valor Añadido permite una deducción del 50% por la adquisición de un elemento de transporte salvo que se pueda demostrar un porcentaje de afectación superior. Sin embargo, en el Impuesto de la Renta no es posible deducir porcentaje alguno de la base salvo que el bien esté 100% afecto a la actividad (por ej. V2400-13). Parece ser que ahí la unicidad no juega…

    Como afirma Esaú, se abre otro debate (uno más) que añade más inseguridad, si cabe, al panorama jurídico tributario actual.

  4. Susana dijo:

    Que blog más bueno¡¡¡ Muy útil

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