¿Reforma fiscal? ¡Que se aclaren ya!

Cada cierto tiempo, políticos, economistas, fiscalistas y demás (taxistas y jubilados, principalmente) exigen un cambio de rumbo en la política fiscal con diferentes objetivos: unos, lograr una mayor recaudación de impuestos; otros, pagar menos; alguno que otro, inventar una teoría que perdure en la historia. No obstante, nunca se alcanza una solución que satisfaga a una mayoría.

Me pregunto si realmente los cambios que recurrentemente se observan en las diferentes normas fiscales responden a una política fiscal coherente o si se trata de dar palos de ciego buscando la tecla perfecta, o incluso si no pintamos nada y, al menos ahora, hacemos lo que Europa manda enmascarándolo en una decisión nacional como Estado soberano.

Lo que es evidente es el desatino y el sinsentido de normas y normas, de real decreto tras real decreto (¡alguno derogado por el siguiente antes de su entrada en vigor!), que llevan muchas veces a que el fiscalista se plantee que este trabajo no es el suyo, que algo debe estar haciendo mal, que cada día sabe menos, que por qué no haberse dedicado al derecho civil, con un código de 1889… Por poner un ejemplo, hoy en día calcular un pago fraccionado del impuesto sobre sociedades de una gran empresa es casi ciencia ficción, en serio.

Y ahora se desmarca Aznar con la propuesta de FAES basada en la curva de Laffer (“U” invertida). Por hacer una breve explicación: Laffer era un economista asesor de Reagan que desarrolló una teoría basándose en que si los tipos impositivos fuesen del 0% el Estado no recaudaría nada, y si fuesen del 100%, nadie consumiría, por lo que los ingresos del Estado también serían de 0. Entre ambos tipos impositivos, en la primera parte de la curva, a más impuestos más recaudación; pero llegado al punto óptimo, a más impuestos la recaudación se ve minorada. La clave es clara: determinar dónde se encuentra el punto óptimo entre tipo impositivo y recaudación.

Sinceramente, creo que el informe en esto sí tiene razón. Se está demostrando que una subida de impuestos no está produciendo un aumento de recaudación. Pensar en un IRPF del 52% me parece insano y fuera de lugar. Evidentemente, el que más gana tiene que aportar más, pero que se penalice de este modo al trabajador cualificado o al alto directivo que normalmente es el que le da valor añadido a la empresa, me parece excesivo. El que más tiene, estoy seguro que no tributa al 52% ya que tendrá su dinero en una sociedad, habrá constituido una SICAV o repartirá dividendos en vez de llevarse el dinero vía rendimiento del trabajo. La pregunta del millón es qué porcentaje de impuesto sobre la renta nos sitúa en el punto más alto de la curva de Laffer.

En otros impuestos existe menos posibilidad de margen. El IVA es un impuesto armonizado a nivel europeo y la directiva que lo regula no permite grandes concesiones a los Estados. Haciendo alguna salvedad en relación a determinados productos y servicios (sí, entre ellos el tipo del llamado “IVA cultural”), creo que el actual IVA al tipo general del 21% es bastante razonable. Anteriormente teníamos uno de los tipos más bajos de Europa con una mala situación económica, por lo que es normal que una de las exigencias de la troika fuese aumentar un IVA excepcionalmente bajo. Por otro lado, aumentarlo más supondría una enorme contracción de la economía, situándonos sin duda en la parte descendente de la curva de Laffer.

Hasta aquí mi opinión porque el siguiente impuesto que voy a nombrar y su anómala y defectuosa situación actual creo que no es discutible, salvo para alguien, a mi entender, un poco torpe: el impuesto sobre sucesiones y donaciones. ¿Cómo nadie da un puñetazo en la mesa para acabar con la injusta e inentendible situación actual? Como sabemos, según la comunidad autónoma donde residas tus herederos pagarán mucho (y cuando digo mucho, es mucho, obligando muchas veces a malvender bienes de la herencia sólo para pagar el impuesto), poco o nada. Y aquí no pasa nada. O sí pasa: se fomenta la pillería y, a pequeña escala, la planificación para no pagar simulando residencia fiscal en otra autonomía. Si las personas entienden que el sistema fiscal no es justo, tratarán de defraudar y pagar menos impuestos. ¿Pero no éramos todos los españoles iguales? La competencia autonómica en esta materia debe limitarse. Pero claro, se pondrán de uñas los presidentes autonómicos. Un poquito de por favor…

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Francisco Soto Balirac. Asociado Sénior de J&A GARRIGUES

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