¿Modelo 720 = Pitcairn?: ‘No way out’

Este “post” está dedicado a la promoción 1985/1990 de la Facultad de Derecho de la Universidad de Salamanca -mi promoción-, que este sábado celebró su 25º aniversario. A Alberto, Alicia, Ana, Antonio, Chicote, Eugenio, Fernando, Ferpi, Jaraiz, Javi, Juanma, Luis, Luisa, Manolo, Maribel, Mariví, Marta, Raquel, Ricardo, Roberto,… y a tantos otros, protagonistas únicos de “aquellos maravillosos años”, todos ellos “gente moza, antojadiza, arrojada, libre aficionada, gastadora, discreta, diabólica y de buen humor” (El licenciado Vidriera, Cervantes).

La increíble, pero cierta, epopeya del motín de la “Bounty” ensombrece otro episodio colateral tanto o más interesante: el naufragio del “Pandora”. Y es que, una vez que el Capitán Bligh y sus fieles, tras su épica travesía desde Tonga hasta Timor (quizá solo comparable a la hazaña de Shackleton en su singladura desde la isla Elefante hasta Georgia del Sur); retornaron a Inglaterra y dieron cuenta de lo acontecido, el Almirantazgo británico puso en marcha una expedición de busca y captura de los amotinados, para lo que fletó el “Pandora”.

El “Pandora” encontró en Tahití a 14 tripulantes de la “Bounty” (algunos, ni tan siquiera se habían amotinado, sino que, por falta de espacio, no pudieron acompañar a Bligh cuando este -con parte de sus fieles- fue abandonado a bordo de un bote en mitad de la nada), que se quedaron allí cuando Fletcher Christian partió en búsqueda de su particular “arcadia”. Aun así, no contento con ello, el “Pandora” navegó durante tres meses por el Pacífico, recalando en numerosas islas con la intención de localizar y detener a más rebeldes. Finalmente, puso rumbo a Inglaterra, pero encalló en la Gran Barrera de Coral, donde -entre muchos otros- murieron cuatro de los presos, ahogados dentro de la propia celda en la que habían sido encerrados, sin posibilidad alguna de salvación. Pagaron así con su vida, incluso ya antes de celebrarse el juicio.

Cuando, al hilo de la funesta “amnistía fiscal” (en la terminología oficial, “declaración tributaria especial”; DTE), se modificó el artículo 39.2 de la Ley del IRPF no fueron pocas las voces que se alzaron denunciando que sus previsiones eran jurídicamente insostenibles. En esencia, lo allí regulado es que aquellos contribuyentes titulares de bienes o derechos en el extranjero que no declaren tal circunstancia en plazo (a través del vidrioso modelo 720), se arriesgan a que al aflorar esa situación, se considere que ese patrimonio constituye un incremento de patrimonio no justificado, gravado al tipo marginal, y sancionable con el 150% de la cuota resultante. Además, la prescripción no es un argumento invocable, pues este durísimo régimen se activa con independencia del remoto origen al que pueda remontarse esa titularidad.

Es obvio que este “palo” (complemento de la “zanahoria” de la DTE) iba a suscitar todo tipo de controversias, siendo así que ya la mismísima Comisión Europea hace unos meses que apuntó, no sin argumentos, sus dudas acerca de la compatibilidad de este régimen con las disposiciones comunitarias.

Sea como fuere, lo cierto es que a día de hoy, cuando el 720 ya va por su tercer “ejercicio” vencido, hay quien cifra en decenas de miles los contribuyentes atrapados en lo que ya se conoce como un “guantánamo” tributario: ahí -en tierra de nadie-, es donde están esos contribuyentes que, no habiendo presentado el modelo en plazo, ven ahora como no tienen un paso “franco” con el que salir del “armario”, pues esa salida, ya extemporánea, les abocaría a las “penas del infierno” que el 39.2 LIRPF contempla. Pensemos que el grueso de esos “proscritos” pueden no ser, en contra de lo que pudiera parecer, defraudadores natos, sino una variada tipología de contribuyentes que han caído -muchos de manera del todo inconsciente- en el “agujero negro” del 720: emigrantes españoles que, a su jubilación, han retornado, pero que conservan algún patrimonio (¿quizá un piso en Dusseldorf?) en el país en el que vivieron y trabajaron durante décadas, inmigrantes que vinieron al calor de la “burbuja” y que aquí se han quedado manteniendo en sus países de origen algún bien (¿una casa en un pueblo de Ecuador?), o jubilados noreuropeos disfrutando de un cálido retiro en el Mediterráneo español pero que aún son propietarios de algo (¿un apartamento en Manchester?) en su patria. Todos y cada uno de ellos están ahí, atrapados.

Así las cosas, había una gran expectación por comprobar cómo se solventaría la peculiar situación de tantos y tantos contribuyentes caídos en la pelágica “red” del 720. Hubo quien apostó por que aquellos que presentaran extemporáneamente el 720 no serían víctimas de las duras previsiones del 39.2 LIRPF, máxime considerando que la Comisión Europea ya tiene bajo su lupa el análisis de la ortodoxia jurídica de este régimen atemporal. Nada más lejos de la realidad, pues el pasado 26/5, en la Delegación de la AEAT de Granada ya se incoó un acta a un contribuyente que mantenía en Suiza 340.000 euros, con origen -probado- ya prescrito. Todo fue inútil: la AEAT, entre cuota y sanción, le exige el pago de ¡¡¡423.000 euros!!!: el 125% del patrimonio aflorado. El acta, además, incorpora alguna interesante consideración como que si el contribuyente hubiera acompañado su tardío 720 de una “complementaria” aplicando el 39.2 LIRPF, habría evitado la sanción pues, en su lugar, se le habrían girado “solo” los recargos por extemporaneidad…, soslayando así esa tesis que sostiene -no sin fundamento- que los incrementos no justificados de patrimonio solo son susceptibles de regularizarse por la Administración y no por el contribuyente. Y para más “inri”: por las noticias que llegan, la AEAT habría adoptado medidas cautelares para asegurarse el cobro.

La historia del motín de la “Bounty” (incluyendo el naufragio del “Pandora”) nos enseña que, aunque es cierto que Bligh se limitó a aplicar la ordenanzas que establecían un severo régimen disciplinario a bordo de los buques de la Armada británica -motivo por el que resultó absuelto en el juicio por la pérdida de su barco-, no es menos cierto que esa regulación era ya entonces inaceptable por su extrema dureza e inflexibilidad, iniciándose así una reflexión (recordemos que este episodio es coetáneo a la Revolución Francesa) que abogaba por humanizar aquella normativa que, no obstante, llevó a la horca a cuatro de los amotinados (a sumar a los cuatro ahogados en el “Pandora”). En lo que respecta a Fletcher y los suyos, recalaron en la remota isla de Pitcairn, donde se confinaron (de hecho, hundieron la “Bounty”, su única vía de escape) hasta que casi tres décadas después, casualmente, se tuvo conocimiento de su existencia. La paradoja -todo un guiño de la Historia- es que ese recóndito trozo de tierra que es Pitcairn, aún hoy permanece bajo soberanía británica. ¡Cosas de los hijos de la Gran Bretaña!

Y es que los amotinados de la Bounty, temerosos del castigo que les esperaba si salían de su recóndito escondite, permanecieron agazapados en Pitcairn hasta que la prescripción permitió que el entonces ya único superviviente (John Adams) se diera a conocer. Pese a los dos siglos transcurridos desde entonces, y aunque el Derecho ha alumbrado garantías que preservan los derechos del ciudadano (no súbdito) frente al omnímodo poder del Leviatán, lo cierto es que, aún hoy, hay contribuyentes que, deseando saldar espontáneamente sus cuentas con la sociedad, comprueban con estupor como esta les responde con una reacción que, a no pocos, quizá les anime a buscar su particular “Pitcairn”…

Hoy, afortunadamente, ya no es tiempo de motines, así que confiemos en que sean la racionalidad y la mesura las que terminen permitiendo que la madeja del 720+39.2 LIRPF se deshaga sin dejar, inútilmente, víctimas en el camino. Que así sea.

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Javier Gómez Taboada. Abogado tributarista.

Socio de MAIO LEGAL

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5 respuestas a ¿Modelo 720 = Pitcairn?: ‘No way out’

  1. Se adjunta “link” a una entrevista al contribuyente objeto de la regularización que da pie al presente “post”:

    http://cincodias.com/cincodias/2015/06/03/economia/1433355727_980378.html

  2. Pingback: I + D + i, según la AEAT | Espacio Tributario

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