Lo que el Leviatán te da, el Leviatán te lo quita

Ahora, en estos últimos días en los que apuramos la “campaña” del IRPF, parece un momento oportuno para reflexionar sobre algún aspecto de este impuesto que, con más frecuencia de la deseable, queda “ensombrecido” (no diré que dolosamente, pero tampoco cándidamente) por la “propaganda” oficial.

Me refiero a esas “ayudas” de todo pelaje con las que nuestro “generoso” (¡?) Estado del bienestar viene a hacer más llevadero este “mar de lágrimas”. Porque son por todos conocidas esas “subvenciones” (y no me refiero aquí a las subvenciones de índole empresarial, que ya “per se” serían acreedoras de otro análisis en mayor profundidad) mediante las que las diferentes administraciones (ya sea el Estado, la comunidad autónoma de turno o, incluso, el ayuntamiento) cofinancian el disfrute por la ciudadanía de diversos servicios o, en su caso, hacen más asequibles ciertos bienes.

El asunto tiene su especial interés por un doble componente:

i-. La inmensa tipología de estas “ayudas” y el numeroso censo de contribuyentes beneficiarios de ellas.

ii.- La a menudo errónea percepción de que esas “ayudas” son netas de impuestos, es decir, que su percepción no tiene incidencia fiscal alguna.

La mera enumeración de estos instrumentos mediante los que el Leviatán intenta fomentar la redistribución de la renta nacional y, así, fomentar la siempre deseable igualdad de oportunidades sería agotadora, pero pensemos, a título meramente ejemplificativo, en las ayudas para la adquisición de material educativo (libros de texto escolares), disfrute de comedor y transporte escolar, rehabilitación o adquisición de vivienda, plan “RENOVE” de inmuebles, plan “PIVE” para la adquisición de vehículos… Todas y cada una de ellas tienen su incidencia -unas más y otras menos- en la fiscalidad  personal y directa de sus perceptores, es decir, en su IRPF.

Por ello es de agradecer muy especialmente el esclarecedor esquema que, sobre este interesante y, muchas veces, ignorado aspecto del IRPF, ha elaborado el Consejo General de Colegios de Gestores Administrativos de España y que de un modo sencillo viene a sistematizar y clarificar el régimen fiscal de la inmensa mayoría de estas “subvenciones”. A todos los efectos me remito a ese esquema en cuanto que en él entiendo que se da cumplida y detallada información acerca del tratamiento impositivo de la gran mayoría de subsidios que hoy existen en nuestro país.

Este asunto cobra una muy especial relevancia, además, si tenemos en cuenta que el cruce de información entre las diferentes administraciones que coexisten en España es hoy mucho mas ágil y fácil que hace apenas unos lustros. De modo y manera que la omisión en la declaración del IRPF de un dato de estas características será, previsiblemente, detectado por la AEAT lo que más pronto que tarde dará lugar a una siempre desagradable “paralela”.

Con todo, lo más grave podría ser el caso de aquellos contribuyentes que por sus ingresos “ordinarios” estuvieran exonerados de la obligación de presentar su declaración del IRPF pero que, por obra y gracia de esa “ayuda”, perdieran esa exoneración debiendo pasar así por el peaje de fotografiarse ante la AEAT con el resultado que ello arrostre. “Cosas veredes, amigo Sancho”.

Pero la cuestión, por extraño que pueda parecer, es que esta información fluye en ambos sentidos. Es decir, ya no es solo que el propio Estado, comunidades autónomas y ayuntamientos faciliten a la AEAT datos detallados sobre las ayudas concedidas por cada uno de ellos; que también. Es que ahora es también la propia AEAT la que, ante la emisión de una “paralela” mediante la que viene a modificar la situación tributaria de un concreto contribuyente exigiéndole un “plus” de cuota al elevar sus ingresos, da puntual cuenta de esta actuación administrativa a esas otras administraciones al objeto de que estas procesen esa información y, en su caso, se sientan legitimadas para reclamar a ese contribuyente “despistado” el reintegro de esa ayuda, habida cuenta que su nuevo escenario impositivo no le haría legítimo acreedor de aquella.

Claro que, obvio es decirlo, aquí parece que podemos estar ante una exótica tipología de obligaciones “conexas”, ya no estrictamente tributarias pero sí “parafiscales”, en la medida en que si ese contribuyente, pillado en un “renuncio”, recurre la “paralela” y logra su suspensión, lo lógico será pensar que durante la pendencia de ese proceso litigioso la ejecución del reintegro de esa “ayuda” habrá de quedar también en suspenso… ¿o quizá no?

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Javier Gómez Taboada. Abogado tributarista.

Socio de MAIO LEGAL

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