Las preferentes

Nunca antes un producto financiero había dado tanto que hablar y con una visión tan negativa. Inicialmente parecía una panacea invertir el dinero en unas participaciones con una rentabilidad superior a la media y, según informaban los banqueros que comercializaban el producto, con una liquidez inmediata en caso de desinversión ante un mercado ávido de hacerse con tal manjar.

La segunda parte la conocemos todos: inexistencia de rentabilidad, iliquidez total, imposibilidad de venta y, por fin, ocurrencia del FROB de proceder a un canje obligatorio por acciones vendibles a sí mismo.

Conclusión: los ahorros de muchas personas se esfumaron. A partir de ahí, con una mayor o menor organización se montó la “marimorena” para recuperar aquello que una vez fue de uno y que por el devenir de los mercados se acabó perdiendo. ¿Valió de algo? Descaradamente, sí. Vivimos en un país en el que muchas de las medidas y normas se cocinan en un despacho con unas tazas de café en la mano y sin el consenso, reflexión y empatía necesaria. Si no hay ruido, no hay problema pero si lo hay, el asunto se complica para el político- legislador de turno dado que hay que buscar salida a esas situaciones con juegos malabares.

Siempre me digo que si tengo un problema sea el problema de muchos, dado que estoy convencido que solo así podré encontrar mejores soluciones. Pasó con las pensiones cobradas por retornados del extranjero y más tarde con las preferentes.

Tengo que reconocer que soy poco luchador, muy conformista o, más bien, un defensor a ultranza de la seguridad jurídica. No daría un duro por conseguir algo respecto a las pensiones, más que regularizar la situación tributaria con recargos, intereses y demás. Tampoco respecto a las preferentes que entendía que, salvo verdaderos casos de engaño a personas mayores, se trataba de pérdidas no recuperables, como con la caída de Pescanova en bolsa de un día para otro siendo el valor que los analistas entendían en ese momento que tenía más potencial de crecimiento de todo el mercado continuo. Afortunadamente para los perjudicados, yo no tenía razón.

Volviendo a las preferentes, el último sinsentido es la publicación en el BOE de un Real Decreto (el 6/2015) el día 15 de mayo, esto es, casi mes y medio después del inicio de la campaña de renta donde muchas personas ya habían presentado su declaración, dando una explicación sobre cómo computar las preferentes según la situación particular de cada contribuyente: demanda judicial, arbitraje, acuerdo transaccional con la entidad financiera…

El galimatías es de órdago. Además, basta que ya sea complejo que en vez de buscar la mejor de las soluciones entramos en el juego de las opciones. Expondré parte de las posibles situaciones deteniéndome al final en la que más me llama la atención.

Como sabemos, las preferentes fueron canjeadas con pérdida por acciones que, en la mayoría de las ocasiones, se vendieron al FROB con una quita adicional.

Los preferentistas que no recurrieron judicialmente (o los que recurrieron y, antes de la sentencia, firmaron un acuerdo transaccional homologado por el juez poniendo fin al pleito), tuvieron en 2013 un rendimiento de capital mobiliario negativo por el canje y una pérdida patrimonial a integrar en la base imponible general por la venta en unos días de las acciones previamente canjeadas. En 2014, firmaron un acuerdo transaccional por el que le entregan una compensación económica que cubre casi todo el rendimiento de capital mobiliario negativo y la pérdida patrimonial (subsistiendo un pequeño resultado negativo).

Para estos casos, el Real Decreto indicado, reitero que publicado casi mes y medio después de que los contribuyentes pudiesen presentar la declaración ofrece dos opciones:

a) No “tocar” el 2013 y declarar todo lo recibido en 2014 como rendimiento de capital mobiliario positivo, si bien pudiendo compensarse con el rendimiento de capital mobiliario negativo así como la pérdida patrimonial de 2013. Cabe apuntar que ya existía una novedad para la renta de 2014 que consistía en compensar ese rendimiento de capital mobiliario positivo de 2014 con la pérdida patrimonial de 2013; si era a más de 1 año (“regla” que tuvieron que asumir los que presentaron su declaración con anterioridad al 15 de mayo) y no con pérdidas a menos de 1 año (la mayoría de las personas vendieron las acciones adquiridas a los pocos días de su adquisición).

b) Realizar una declaración complementaria de 2013 (eso sí, sin recargos, intereses de demora ni sanciones) en el plazo de tres meses desde la entrada en vigor del Real Decreto, eliminando el rendimiento de capital mobiliario negativo y la pérdida patrimonial y declarando en 2014 el resultado global de la operación (importe recuperado finalmente menos coste inicial de las preferentes) declarándose como rendimiento de capital mobiliario normalmente negativo en una cuantía mínima (es decir, normalmente se recuperó casi todo, pero no todo). Es decir: importe obtenido con el acuerdo transaccional + importe obtenido por la venta de las acciones al FROB – Precio de adquisición de las participaciones preferentes.

Pero, ¡no te lo pierdas!, en todo caso hay que presentar adicionalmente un formulario complementario aprobado al efecto que permita identificar las autoliquidaciones afectadas “inmediatamente después de la presentación de las declaraciones del IRPF a las que se refiera”. ¿Cómo es posible que el propio formulario estipule el plazo de presentación en estos términos? ¿qué significa “inmediatamente”? Presente la renta y cójase un taxi para acudir a Hacienda, rellenar el formulario y mostrarlo. Le doy un consejo, sáltese la cola de registro no vaya a ser que le sancionen por no presentar el formulario inmediatamente.

Y ahora viene la situación que más me gusta: sentencias judiciales de nulidad. Con carácter general, el juez declara nulo el contrato de preferentes y todos los que traen su causa en el mismo (canje y posterior venta de las acciones entregadas a cambio al FROB) y ordena la restitución recíproca de las cosas que hubiesen sido materia del contrato y la eliminación de todos los efectos generados por el mismo. Si la nulidad se produce después del canje y venta de las acciones (caso más común), el banco devuelve al preferentista la cantidad invertida y este devuelve los intereses percibidos y lo percibido por la venta de las acciones. Además, se suele condenar al banco al pago de los intereses devengados sobre esta cantidad desde que se interpuso la reclamación o desde el momento de la compra de las preferentes.

Las consecuencias fiscales de estas sentencias son las siguientes: respecto de los rendimientos generados en el canje y la venta de las acciones, si la sentencia es posterior y ya se ha declarado el rendimiento de capital mobiliario negativo y, en su caso la pérdida patrimonial de la venta de las acciones, habrá que presentar para anular esas operaciones autoliquidación complementaria sin recargos, intereses de demora ni sanciones en el plazo de tres meses desde la entrada en vigor del Real Decreto, presentando además inmediatamente el formulario complementario.

Ahora bien, por los intereses que el banco tiene que pagar como indemnización, el contribuyente declarará una ganancia patrimonial pero ¡ojo! por todo pese a que el banco te pagará la diferencia entre los intereses que dice el juez y todos los rendimientos que generaron las preferentes cuyo contrato de comercialización se declara nulo. Para recuperar lo tributado en todos los años en los que las preferentes generaron rendimientos habrá que realizar escritos de rectificación de declaración sin tener en consideración la prescripción.

Si aún no se ha sorprendido es porque no lo ha entendido: tengo 100.000€ en preferentes desde el año 1998, que me generaron 60.000€ de rendimientos desde 1998 al 2013. Demando y gano de modo que el juez estima que el banco tiene que devolverme los 100.000€ (perfecto, recupero lo invertido) y que me indemnizará por los intereses que me generarían esos 100.000€, pensemos en 40.000€, pero como al anularse la operación yo al banco tendría que devolverle los 60.000€ que me generó las preferentes (más los intereses de esos rendimientos que obvio para que el ejemplo sea más sencillo de seguir), el banco hace la cuenta de la vieja y me paga en total 80.000€ (100.000 + 40.000 – 60.000). Pues bien, en la renta de 2014 no declararé que finalmente he perdido 20.000€ sino que he ganado 40.000€ obligándome a presentar escrito de rectificación de las declaraciones de la renta de los años 1998, 1999, 2000, 2001, 2002, 2003, 2004, 2005, 2006, 2007, 2008, 2009, 2010, 2011, 2012, 2013 para recuperar lo tributado por los 60.000€.

Ahora sí lo han entendido…

No te quedes con ninguna duda: consulta con tu gestor administrativo.

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José Galtier Ferreira

jose.galtier@gmail.com

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