Las pantallas

A día de hoy ya son legión las previsiones legales que, haciendo abstracción de la existencia de una personalidad jurídica diferenciada (singularmente la de entes radicados en territorios de nula o baja tributación), disponen la aplicación de la conocida como “teoría del levantamiento del velo” en la que, entendiéndose por “velo” el telón que oculta la genuina identidad del titular último de ciertas propiedades (ya sean, a su vez, societarias, mobiliarias o inmobiliarias), propugnan el hacer caso omiso de tal titularidad aparente para darle relevancia -siempre en última instancia- a la auténtica propiedad que, más o menos oculta (dependerá tanto del número de eslabones intermedios como de la propia opacidad de los vehículos y de las jurisdicciones en las que éstos radiquen), se esconda tras esas estructuras societarias que, por su propia naturaleza, siempre se considerarán interpuestas.

Ejemplos de ello en nuestro ordenamiento jurídico hay muchos; así, por ejemplo: la normativa relativa a la transparencia fiscal internacional, la del gravamen especial sobre bienes inmuebles de entidades no residentes (del que quedan exonerados, entre otros, los tenedores últimos de las sociedades interpuestas siempre que -eso sí- revelen su identidad a la AEAT) o, incluso, la propia “amnistía fiscal” (Declaración Tributaria Especial, en la nomenclatura oficial) que contemplaba un régimen específico para las estructuras fiduciarias que vieran como su propiedad última se revelara, en tiempo y forma, ante la AEAT antes del 31/12/2013 (es decir, que precisamente la fecha de publicación de este “post” es el día límite para “desnudarse”).

Sea como fuere, lo cierto es que la titularidad fiduciaria ha sido, desde tiempo inmemorial, un territorio donde se han desarrollado agrias pugnas entre los contribuyentes y la Administración tributaria (especialmente, aunque no en exclusiva, con la AEAT). Por ello, precisamente, es de especial interés una reciente sentencia de la Sala de lo Civil del Tribunal Supremo (TS) del pasado 5/4 (ver aquí) en la que se enjuiciaba la pretensión de varias personas físicas que, esgrimiendo como argumento central de su recurso “que no hubo ninguna donación sino sólo un acto de “puesta a nombre de otro´´, “interposición de persona´´ o “fiducia cum amico´´ que no presupone dicha transmisión patrimonial a título gratuito a favor del fiduciario o el testaferro”, solicitaban que se declarara “que los bienes de titularidad formal de Duanal (sociedad uruguaya “off shore”, “caracterizada por facilitar la ocultación del dueño, mediante un sistema de emisión de acciones al portador, y el nombramiento de un Directorio u órgano de administración que actúa bajo las órdenes del verdadero dueño del capital”) son en realidad de titularidad de los recurrentes y, en consecuencia, rectificar en lo necesario las inscripciones registrales correspondientes”.  A esta pretensión, responde el TS señalando que:

-“Duanal (es) una sociedad que, según la legislación uruguaya tiene personalidad jurídica propia e independiente de las personas de sus socios, de lo que ha de concluirse que no constando que se trate de un negocio nulo por simulación relativa, no pueden prosperar dichas pretensiones”; y que

-“Quienes de forma insolidaria pusieron empeño en ocultar al Estado el dinero obtenido con la venta de la actividad industrial de la compañía Andes Ingenieros, S.A., aportándolo a una sociedad que, como indican las sentencias de la primera instancia y de la Audiencia Provincial, en la práctica responde a una tipología clave para la circulación del dinero negro encubriendo a los verdaderos propietarios, impidiendo el rastreo de la propiedad y el origen de los fondos, no pueden pretender ahora prescindir de la persona jurídica utilizada para el ocultamiento y que se declare que son los verdaderos titulares de los bienes a nombre de la sociedad, ya que nuestro sistema reconoce la personalidad jurídica de las sociedades como centros de imputación de relaciones jurídicas, y si bien tanto la legislación como la jurisprudencia han reaccionado articulando mecanismos dirigidos a evitar que el respeto absoluto a dicha regla provoque disfunciones mediante la técnica del llamado “levantamiento del velo´´, no son los propios socios los que pueden optar por utilizar la personalidad o desconocerla a su arbitrio”.

Es decir, que el TS viene a consagrar la práctica del “levantamiento del velo” pero siempre que sea instada por terceros, no por los propios titulares últimos de las propiedades ocultas precisamente tras la “pantalla” (o telón) cuya creación ellos mismos auspiciaron.

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Javier Gómez Taboada. Abogado tributarista

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Una respuesta a Las pantallas

  1. Juan Castro dijo:

    Arrancas el año con fuerza. Análisis ameno e interesante. Siempre es agradable leer algo nuevo que nos distraiga de los vaivenes legislativos actuales.

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