La lotería de la vida (y de la muerte)

¿Qué día de los 365 -366 en bisiestos- será el de nuestro fallecimiento? ¿Quizá el de nuestro cumpleaños? Ya sería casualidad. ¿El de nuestro aniversario de boda? Algo morboso. ¿El de nuestra jubilación? ¡Mala suerte!

Démosle a esta elucubración un componente tributario: ¿se ve afectada nuestra factura fiscal en función de en qué fecha “pasemos a mejor vida”? Bueno, en el IRPF (cambios normativos al margen, que de todo hay), no lo parece pues se devenga al 31/12 o bien en la fecha del propio óbito, si es que éste acaeciera en cualquiera de los restantes 364 días. ¿Y si el deceso se produce, precisamente, el día de fin de año? ¿Tiene esa lúdica fecha algún componente especial desde la perspectiva tributaria? Bueno, quizá sí en lo relativo al impuesto sobre el patrimonio (IP), máxime considerando la contestación de la DGT CV1703-12 de 5/9, de la que he tenido conocimiento gracias a los buenos oficios de mi querido colega José Ignacio Alemany.

Veamos, unos herederos le consultan a la DGT acerca de sus obligaciones para con el fisco respecto al patrimonio del causante, tema que no parece menor habida cuenta de que éste tenía un haber hereditario superior a dos millones de euros. La duda, en esencia, se centra en el hecho -¡la realidad siempre supera la ficción!- de que el fallecimiento acaeció, justamente, el mismísimo 31 de diciembre, única fecha que la normativa del IP identifica con la del devengo: es decir, el punto controvertido es si el IP del causante se devenga habiendo fallecido el mismo día en el que se entiende realizado el hecho imponible o bien debería haber sobrevivido a esa fatídica fecha para morir, pongamos por caso, al día siguiente: el 1 de enero.

Obsérvese que la resolución de esta incógnita puede depender de minutos, en puridad de segundos: si el fallecimiento se produce a las 23:59:59 del 30/12 no parece que haya debate, pero si tiene lugar a las 00:00:01 del 31/12 ya tenemos encima la inquietud. Y es que, tal y como apunta mi apreciado López-Hermoso, parece que estuviéramos ante un escenario donde se puede producir un genuino “error de salto”, pero éste de carácter temporal y no cuantitativo (que es el que el artículo 56.3 LGT obliga, de oficio, a mitigar). En fin, sea como fuere, la DGT contesta que “dado que el fallecido seguía con vida (sic; he aquí todo un paradigma de oximorón) en algún momento de dicho día, se ha devengado en 2011 el impuesto correspondiente y, en consecuencia, los herederos y sucesores a título universal deberán presentar por cuenta del mismo la correspondiente autoliquidación en 2012”.

Así las cosas, “estemos atentos a los signos” (“El lado bueno de las cosas”, magnífica película, dixit) o, para ser más exactos, a los síntomas: si lo inevitable se aproxima, y el fin de año también, quizá le hagamos un último favor a nuestros sucesores si el azar quiere que nuestro trance sea antes del 31/12. Obsérvese, además, que cuanto más se aproxima el final de año, mayor es el “coste de oportunidad” de que el deceso no sea en esa concreta fecha, pero tampoco cabe tentar la suerte: esto es un poco como en el “black jack” puesto que si nos “pasamos” la rueda de la lotería vuelve a correr durante el siguiente año. Conviene afinar.

En cualquier caso, parece que episodios como éste vienen a dar la razón al bueno de Eduardo Luque cuando sostiene -con su innato gracejo malagueño- aquello de que “el asesoramiento fiscal cada vez se parece más al negocio funerario: por muy bien que hagamos nuestro trabajo, el cliente siempre llora”.

 

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Javier Gómez Taboada. Abogado tributarista

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2 respuestas a La lotería de la vida (y de la muerte)

  1. SANTIAGO PASCUAL dijo:

    Pues que se den por j… los herederos, porque con ese criterio, también han sido ellos propietarios de esos bienes durante unas horas de ese día (Artículo 989 del Código Civil. Los efectos de la aceptación y de la repudiación se retrotraen siempre al momento de la muerte de la persona a quien se hereda, y artículo 3 de la Ley del Impuesto sobre Sucesiones), con lo cual tienen que declarar el Impuesto sobre el Patrimonio también como contribuyentes.

    No tiene sentido que el mismo día se devengue el Impuesto sobre Sucesiones y el Impuesto sobre el Patrimonio del fallecido, porque el primero grava la transmisión de la masa hereditaria y el segundo esa misma masa, pero allá van leyes no quieren reyes.

  2. josé miguel juárez mulero dijo:

    Esto es como la multiplicación de los panes y los peces: con los mismos bienes tributan todos (fallecido y herederos). ¿non bis in idem?

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