¡Hagamos ‘holdings’!

HoldingsEl nombre se las trae, pero sí, este vocablo está ya integrado en la Real Academia Española (RAE). Se define como: “sociedad financiera que posee o controla la mayoría de las acciones de un grupo de empresas.” Pero, ¿por qué mi insistencia?

El mundo del derecho fiscal se complica a pasos agigantados. El dominar o controlar toda la legislación fiscal para, por ejemplo, realizar el cierre de una sociedad es tarea complicada a la altura de muy pocos. Además, esperando carnaza como un ave rapaz está la Agencia Tributaria que ante la mínima duda dispara (con sanción) y luego pregunta. Sin la gravedad de muertes humanas como en EE. UU., sí producen efectos psicológicos en determinados casos difíciles de predecir.

Volviendo al tema de inicio, creo que con todos los cambios fiscales, las bondades de que un empresario se reestructure y organice sus empresas son de gran calado. Si ya de cara a la exención en el Impuesto sobre el Patrimonio y la reducción en el Impuesto sobre Sucesiones y Donaciones la diferencia entre contar con la estructura adecuada y no hacerlo podía originar diferencias impositivas relevantes, la nueva Ley del Impuesto sobre Sociedades nos da el último empujón.

Ello es así dado que cuando una sociedad vende su participación en otra sociedad, toda la plusvalía que se pondría de manifiesto en la venta por diferencia entre el precio de venta y el coste no tributa. Así se sencillo y de claro. Si en vez de ser una sociedad es una persona física la que vende sus participaciones en sociedades, el palo fiscal puede ser importante si la revalorización de la participación supone una importante ganancia patrimonial para el contribuyente.

Y de ahí el asunto de las holding: se trata de montar una estructura que permita beneficiarse de todas las posibilidades fiscales existentes dentro de las normas (que no son pocas).

Evidentemente, si usted ya participa en sociedades no es posible empezar de cero siendo necesario acometer alguna operación que permita colgar las sociedades en las que un empresario participa de una sociedad holding dedicada en exclusiva a la gestión de sus participadas.

El de hoy es un caso muy sencillo (podría complicarse todo lo que se desee con participaciones cruzadas, con sociedades mixtas con inmuebles y actividades industriales y demás, que requerirían la operación concreta que permita alcanzar, con esos mimbres el cesto deseado): supongamos que usted es socio de A, de B y de C al 100%, la reestructuración que propongo supone crear la sociedad D, de la que usted sería socio al 100% y pasar a D las participaciones que actualmente tiene en A, B y C de modo que D pasaría a ser socio al 100% de A, B y C participando usted exclusivamente en D.

¿Qué ocurre si quiere beneficiarse de los beneficios fiscales existentes en el Impuesto sobre el Patrimonio o en el Impuesto sobre Sucesiones y Donaciones? Pues que todos los requisitos que enumeran las normas tendría que cumplirlos solo en D contagiando dichos beneficios a A, B y C sin necesidad de que los cumpla en cada una de esas sociedades, dado que no participa en ellas.

¿Existe solución para compensar las pérdidas de A con los beneficios que tiene recurrentemente B y C? Pues claro, con la nueva estructura puede usted acogerse al régimen de consolidación fiscal de modo que netea bases imponibles en su Impuesto sobre Sociedades aprovechando en el mismo año las pérdidas de A para tributar menos por los beneficios de B y C.

¿Esto soluciona también los graves problemas financieros que tiene en IVA donde a B siempre le sale a pagar el IVA en las liquidaciones periódicas y A y C compensan el IVA del que no piden la devolución hasta enero del año siguiente? Pues también: dé de alta un grupo de entidades en IVA dado que tiene la estructura adecuada para ello y compense cuotas a pagar solo la diferencia.

Esto está muy bien –podría usted afirmar- pero, ¿cuánto me cuesta montar esa estructura de la que a priori no cabe duda que es mejor que la situación actual? ¿Cuántos impuestos tengo que pagar para montar la sociedad holding? Cero, no le miento.

En el ámbito del Impuesto sobre Sociedades, se incluyen dentro de la denominación de operaciones de reestructuración empresarial: las de fusión, de escisión, de aportación de ramas de actividad, de canje de valores y de aportación no dineraria a una sociedad.

Fiscalmente, si cumplen los requisitos previstos en la normativa tributaria, se establece un régimen especial de tributación para estas operaciones, de forma que no se integran en la base imponible del impuesto directo, las rentas obtenidas por la transmisión de los bienes y derechos que constituyan el objeto de dichas operaciones de reestructuración empresarial, aplicándose un régimen especial de diferimiento de dichas rentas.

La no tributación se extiende al resto de los impuestos (IVA, Transmisiones Patrimoniales, Operaciones Societarias, Plusvalía Urbana…) salvo en determinados supuestos (por ejemplo, una escisión total no impide la tributación en IVA).

El ejemplo expuesto anteriormente se encuadra dentro de un canje de valores que se define como aquella operación por la que una sociedad recibe participaciones en capital de otra sociedad, en una cuantía que le permite obtener o reforzar el control mayoritario de la sociedad transmitida. A cambio, los socios de la sociedad transmitida también reciben participaciones en capital de la sociedad adquiriente y, en su caso, una compensación dineraria que no puede superar el 10% del valor nominal de dichas participaciones.

Con el cambio de ley, este régimen especial pasa a configurarse como el régimen aplicable por defecto a las operaciones de reestructuración empresarial, salvo que se comunique la renuncia a dicho régimen, si bien seguirá siendo obligatorio comunicar la realización de este tipo de operaciones a la Administración Tributaria.

Es preciso hacer una última salvaguarda: no se aplicará este régimen fiscal especial cuando la operación realizada tenga como principal objetivo el fraude o la evasión fiscal. En particular, el régimen no se aplicará cuando la operación no se efectúe por motivos económicos válidos, tales como la reestructuración o la racionalización de las actividades de las entidades que participan en la operación, sino con la mera finalidad de conseguir una ventaja fiscal.

En el anterior sentido, la doctrina administrativa de la Dirección General de Tributos plasmada en diversas contestaciones a consultas, entiende que existen motivos económicos válidos en determinadas situaciones: cuando la operación realizada produce una simplificación de la estructura administrativa o productiva de las sociedades afectadas, consiguiendo así una gestión más eficaz y mayor rentabilidad de las actividades desarrolladas (aquí podría encajar nuestro supuesto), cuando la operación realizada produce una dotación de mayores recursos propios para atender el objeto social de una entidad, cuando la operación realizada facilita la futura transmisión del negocio a los hijos…

Dicho esto, es novedad de la nueva ley del Impuesto sobre Sociedades el otorgamiento de facultades a la Administración Tributaria para que proceda a la inaplicación total o parcial de este régimen especial en aquellos supuestos en que observe la inexistencia de dichos motivos, de manera que se eliminarán exclusivamente los efectos de la ventaja fiscal conseguida, manteniéndose la aplicación del régimen con carácter general.

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José Galtier Ferreira

jose.galtier@gmail.com

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3 respuestas a ¡Hagamos ‘holdings’!

  1. Buenos días,
    Siendo puristas, el término holding no se puede considerar integrado en el diccionario porque, como se indica en su texto, se trata de una voz inglesa. De ser integrado, a más abundar y en aplicación de la normativa ortográfica patria, debería llevar un acento que no es preciso a día de hoy.
    Y ya para acabar, su uso se debería realizar SIEMPRE en cursiva o entrecomillado, pero esto ya es harina de otro costal, pues el común de los juristas y el propio Legislador suelen tratar a la lengua como la bisectriz de la Bernarda, parafraseando afortunadísima frase de Arturo Pérez Reverte en uno de sus recientes artículos.
    Saludos cordiales y gracias por la exposición de tan interesante tema.
    Esaú

    • María de los Ángeles dijo:

      Estimado Esaú,

      Yo también me fijo mucho en la ortografía y en este caso creo que se ha aplicado correctamente, ya que la palabra “holding” aparece en el texto siempre entrecomillada o en cursiva.

      En el titular aparece entrecomillada porque no es correcto incluir cursiva en el titular. En el cuerpo del artículo aparece siempre escrito en cursiva.

      La RAE reconoce “holding” como voz inglesa, por lo que no es posible ponerle una tilde.

      Por lo demás comparto en todo tu opinión sobre el tema a tratar en esta publicación.

      PD: yo también soy asidua lectora de Pérez Reverte ;)

  2. Hola María,
    Sí, sí, si yo no he puesto en duda la ortografía utilizada en el artículo en ningún momento. La aplicación de la normativa académica ha sido exquisita. Yo me refería a que dicha voz no se ha “integrado” en la RAE porque continúa siendo un xenismo y como tal hay que tratarlo. No está integrado en la lengua española.
    Cordialmente,
    Esaú

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