Ese impuesto que nadie quiere pagar…

Impuesto sobre Sucesiones y DonacionesMe dice una señora que ha cuidado a otra durante veinticinco años que la ya fallecida le ha dejado la herencia. Esta se compone básicamente de inmuebles, unos más viejos que otros, pero todos de origen. Con dificultad de venta. Liquidez la justa, como para beber algo de agua. Poco más. Le digo que estamos ante un caramelo envenenado. Se sorprende. Lo lamento, pero casi va a ser mejor que no herede, que renuncie. Hace unos cuantos años esto era impensable, pero hoy, en estas circunstancias, es lo normal. Los tipos impositivos entre extraños son muy altos, y por mucho que se quieran las personas, no son familia a efectos legales, con lo que ni hay reducción en base ni bonificación en cuota. Si la señora era empleada del hogar es patente la dificultad que puede tener para haber ahorrado varios centenares de miles de euros, que es lo que sale la cuota de liquidación del Impuesto sobre Sucesiones cuya liquidación he hecho para poder darle una opinión aquilatada con números.

Me viene una sobrina de un señor muy rico. Misma cantinela. Distintos tenores. El hombre no despertó una mañana. Mucho patrimonio. No hay dinero para pagar el ataúd. La chica, huérfana,  tiene un patrimonio elevado, con lo que las cuotas a pagar superan el 70% (casi como los que quieren hacer la regularización del 39.2 de la Ley del IRPF). No puede compensar nunca pagar por adelantado ese porcentaje y esperar a que haya un comprador que se enamore de ellos y no discuta un precio que seguramente hoy no valen. O mejor dicho que hoy nadie pague el mismo. Y esa intranquilidad yo no la quiero para mí. Tampoco para mis clientes.

Y es que este Impuesto sobre Sucesiones y Donaciones (ISD) es una cruz para el que lo sufre. Y cuanto más cercano es el que te deja la herencia menos se entiende, ya que el que recibe pierde a ese ser querido y además una parte de lo que con él compartía. El brillante catedrático de Sevilla, Fran Adame tiene una ponencia muy completa sobre esta materia donde se observa que cada vez hay más herencias que se dejan ahí, bien quietas o bien sin que nadie se quiera atribuir la paternidad de la misma. Hemos llegado al absurdo. A ver si algún día salimos de él.

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Carlos Romero Plaza

Socio Director de ARTTAX ABOGADOS

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