El problema de la prueba en el ámbito de la inspección tributaria

Inspección tributariaGuardo cierta añoranza de la época en que con relativa frecuencia los medios de información general se hacían eco de noticias sobre avistamientos de objetos volantes no identificados en los cielos de nuestro país. En alguna ocasión la noticia venía acompañada del relato de una persona que decía haber tenido un encuentro en la tercera fase, expresión esta que vio la luz por la pésima traducción del título de la famosa película de Spielberg Close Encounters of the Third Kind. Junto con la noticia se acompañaba frecuentemente algún tipo de imagen que ofrecía pistas sobre el encuentro, cierto nivel de radiación inusual, huellas en el suelo difíciles de explicar o el revelado fotográfico de un objeto luminoso en el cielo, ¡qué tiempos!.

Conforme a las leyes de la sana crítica no es posible que alguien sostenga la veracidad de un relato inverosímil fundándose en una prueba corriente. Si una persona dice, por ejemplo, haber mantenido contacto con seres del espacio exterior, una simple foto no sería cobertura suficiente para admitir la realidad del encuentro. En estos casos una muestra de tejido orgánico de ese ser o de un material desconocido en la tierra o la solución a un problema de Fermi expuesta por una mente superior, deberían de encajar más adecuadamente con la pretensión de hacer admisible lo que en principio no parece creíble. A este respecto, sostenía el famoso divulgador científico Carl Sagan que los hechos extraordinarios requieren pruebas extraordinarias. Todo esto viene a cuento porque muchas veces pruebas extraordinarias son las que nos demanda la inspección en el curso de sus actuaciones de investigación y comprobación para justificar hechos absolutamente ordinarios con trascendencia tributaria.

Cuando en el ámbito de actuaciones de comprobación e investigación nos topamos con la obligación de justificar un determinado hecho, la cantinela usual que se cita en estos casos, es el célebre aforismo que obliga a que la parte que alegue a su favor cualquier hecho debe de justificarlo a través de los medios de prueba admitidos en derecho. En palabras parecidas se pronuncia la Ley General Tributaria dejando a merced del Código Civil y de la Ley de Enjuiciamiento Civil los criterios a adoptar sobre los medios y la valoración de la prueba. El problema es que en el ámbito tributario determinadas pruebas como la testifical carecen de virtualidad práctica o son normalmente inadmisibles y las citadas normas apenas ofrecen reglas sobre la valoración de pruebas que muchas veces quedan a expensas de lo que diga el juzgador. No son pocas las veces en que la inspección tributaria se ha limitado a negar validez a los documentos probatorios simplemente por considerar que justifican de forma insuficiente un hecho con consecuencias tributarias. Se me ocurren a bote pronto los siguientes ejemplos que extraigo de la realidad:

1.   Las cuentas anuales auditadas de una sociedad que presenta unas pérdidas cuantiosísimas no son suficientes para justificar el quebranto contable que recoge la sociedad española titular de las acciones de dicha sociedad en el momento de su liquidación por el solo hecho de que está domiciliada en un territorio calificado como paraíso fiscal.

2.     Las facturas de un proveedor tecnológico y el informe detallando los servicios cubiertos por dichas facturas no justifican la deducibilidad del gasto para la sociedad que recibe dichos servicios. En este caso la entidad que presta los servicios tiene numerosas pérdidas y se da la circunstancia que el proveedor es a su vez cliente de la sociedad destinataria de dichos servicios tecnológicos por tareas de asesoramiento contable y fiscal que constituyen su objeto social.

3.  Los gastos de desplazamiento, alojamiento y manutención que ha contabilizado una empresa y que figuran en un parte de viaje no representan un gasto deducible al no haberse acreditado suficientemente su relación con los ingresos de la compañía. Estos gastos tuvieron su causa en la negociación de un contrato de joint venture que al final no se llegó a concluir.

En cualquiera de los tres casos la inspección concluye en que no es admisible la deducibilidad del gasto (y del IVA, en su caso) porque una determinada circunstancia le lleva a negarle validez a los hechos que se pretenden justificar con la documentación aportada. Esta circunstancia es distinta en cada uno de los tres ejemplos anteriores, (i) el hecho de que la prueba se refiera a una entidad ubicada en una jurisdicción perniciosa, (ii) la existencia de ciertos indicios que podrían dar a entender connivencia a la hora de preparar una documentación ad hoc que dé apariencia de real lo que pudo no serlo con el ánimo de eludir imposición y (iii) una insuficiencia probatoria al no haber despejado la duda de la correlación de estos gastos con los ingresos del contribuyente.

El problema es que la Inspección normalmente no presenta documento probatorio alguno que otorgue apoyo a sus razonamientos, todo lo más pretende que a través de determinadas presunciones basadas en hechos constatados, se dé carta de naturaleza a sus tesis contrarias a la deducibilidad de dichos gastos. Además suele suceder que la Inspección no se detiene aquí sino que, siguiendo ese automatismo tan propio de su forma de proceder, impone sanciones al contribuyente por pretender hacer pasar por deducible lo que no lo es de acuerdo con sus razonamientos.

Llegados a este punto convendría mencionar determinadas cuestiones a partir de las cuales podríamos construir nuestra defensa ante una postura más o menos frecuente que adopta la Inspección en situaciones similares. Veamos cuáles son:

a)     En primer lugar debe de hacerse valer un criterio de proporcionalidad entre el documento probatorio y el hecho que se pretende justificar con dicho documento. No puede exigirse al sujeto pasivo pruebas de carácter extraordinario para justificar de forma indubitada el hecho que se defiende. En alguna ocasión un Inspector llegó a sugerir a este quien les escribe que para justificar la realización de actividades en el extranjero por parte de quien se desplazaba en vehículo propio a Portugal y aplicaba la célebre exención del artículo 7.p) de la Ley del IRPF a sus rendimientos de trabajo que se detallasen las horas de entrada y salida en su puesto mediante documento fehaciente.

b)    Las pruebas aportadas por el contribuyente, de carácter no indubitado, deben de verse acompañados de ciertos indicios acordes con la realidad de su actividad, v.gr. la racionalidad del gasto asociado a un determinado lugar en el que la empresa ha concertado negocios, la cuantía y la fecha en que se produjo dicho gasto, una justificación de la razón económica del mismo, etcétera.

c)     Para que las presunciones no establecidas por ley tengan valor probatorio deben de basarse en un hecho probado a partir del cual se deduzca otro hecho a través de un enlace preciso y directo según las reglas del criterio humano. No obstante esta presunciones deben de acomodarse a la valoración conjunta de las pruebas aportadas por el contribuyente y del conjunto de hechos que confluyen en el caso. En muchos casos no bastan presunciones emitidas por la Inspección para considerar los hechos que esta deduce si estos contradicen otros que ha puesto de manifiesto la contraparte.

d)    La Inspección prueba para sí misma, con el fin de acreditar unos hechos que ella misma va a valorar conforme a su interés recaudatorio. En la práctica, el principio de verdad material es una quimera en el ámbito tributario. El contribuyente debe de ser activo en la presentación de las pruebas que hagan valer su derecho aunque estas no se hayan solicitado por la Inspección.

e)     La prueba del contribuyente debe de aportarse, en condiciones normales, en el ámbito de la Inspección. Salvo justificación de la imposibilidad o desconocimiento de dicha prueba, la entrega posterior de prueba documental en fase de recurso debe examinarse por parte del tribunal respectivo con la sospecha de quien hasta la fecha ha ocultado un documento en defensa de su propio interés pensando en qué es lo que se gana con su presentación extramuros del procedimiento inspector.

f)     La prueba que da lugar al descubrimiento de deuda tributaria no necesariamente es suficiente para justificar la sanción. No solo en lo referente al grado de culpa sino también en cuanto a los hechos que se pretenden inferir en relación con dicho expediente sancionador. Por ejemplo, volviendo al supuesto número 2 enunciado anteriormente, no bastan los simples hechos que pone de manifiesto la Inspección para dar soporte al dolo necesario que implica incurrir en simulación absoluta –aquella que pasa por hacer aparecer como real un hecho que no ha tenido lugar. La justificación de la simulación y las sanciones que ello conlleva requerirá además una justificación probatoria de la conducta simulada (v.gr., una comunicación escrita acordando plantear el negocio simulado).

Tras la dicho, uno echa de menos la buena fe y la presunción de inocencia que debería presidir la relación entre administrado y Administración, esta que debería de presumirse y que muchas veces brilla por su ausencia.

Les deseo a todos los que hacen posible este blog y a los que se acercan a él una Feliz Navidad y mejor año 2015. No me pidan que pruebe mis buenos deseos para con ustedes. Hay cosas que deberían de quedar fuera de duda.

 

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José Galtier Ferreira

jose.galtier@gmail.com

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5 respuestas a El problema de la prueba en el ámbito de la inspección tributaria

  1. Muy interesante tu artículo, está muy completo. Estoy contigo en que para la administración la presunción de inocencia no es más que algo efímero y volátil. Eres infractor hasta que se demuestre lo contrario..

  2. Santiago Boixadós dijo:

    Realista y actual plasmación de la realidad tributaria diaria. Especialmente agravada en estos tiempos de crisis también para el Estado, que obliga a los funcionarios a la aplicación torticera del derecho tributario, ampliando la injusticia y el sufrimiento del administrado.

  3. Estoy de acuerdo. Solo si uno tiene la experiencia de pasar una inspección se puede dar cuenta hasta donde se llega.

  4. José Galtier dijo:

    Con motivo de esta entrada he recibido un correo electrónico de un colega de profesión -creo recordar- al que no he contestado porque lo he borrado involuntariamente. Agradecería que me lo volviese a enviar. Mis disculpas a este lector y al resto que no tienen por qué saber lo torpe que soy. Un saludo. José.

  5. Rosa dijo:

    Buenos días,
    Interesante artículo, está muy completo. Relacionado con el tema, he encontrado una artículo sobre Cómo recurrir las multas de Hacienda que también me ha servido de ayuda. Creo que puede complementar muy bien éste:

    http://www.captio.net/blog/multas-hacienda-como-recurrirlas

    Espero que les sirva,
    ¡Un saludo!

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