El hábitat de la AEAT: ¿un matrix?

El hábitat de la AEAT: ¿un matrix?Por favor, presten atención a la siguiente secuencia de hechos:

    •  9/Febrero/2016: el TS dicta una sentencia, con motivo de un recurso de casación en interés de ley, mediante la que señala que las transmisiones hechas mediante pactos sucesorios no generan, para el transmitente, plusvalías gravables en su IRPF pues, a tales efectos, esas eventuales ganancias patrimoniales se equipararán a la “plusvalía del muerto” (desde ya hace tiempo, afortunadamente, expulsada de nuestro ordenamiento tributario).

  • 15/Febrero/2016: la AEAT gira “paralelas” del IRPF exigiendo miles de euros por que “las aportaciones (sic), comporta, a efectos el IRPF, una alteración en la composición en su patrimonio que ocasiona una variación en su valor, (…), lo que nos da una ganancia patrimonial no exenta imputable al 2014”.

¡Ole, ole y ole! Porque el que el Tribunal Supremo ya hubiera declarado que en tales supuestos no hay plusvalía gravable alguna, ya lo sabía -para entonces- “hasta el Tato” o, si prefieren, hasta el que asó la manteca, siendo ya objeto de comentarios en tertulias de bar, peluquerías y hasta salas de espera de ambulatorios… Excepto, excepto -¡claro está!- para la AEAT, cuyo ritmo de adecuación a la realidad que la circunda es -en ciertas ocasiones, como esta- otro, uno más propio del siglo XIX (carruajes y ábacos incluidos) que del XXI, donde ella es la primera que, cuando es menester, exprime al máximo las nuevas tecnologías, internet y -¡hasta!- la “Wikipedia”, … (un día les contaré un episodio atinente a la infinita fe que la AEAT puede llegar a depositar en la información emanada de esa fuente de conocimiento). Bien, vamos bien, ¡muy bien!

Pero, como decía el mítico Super Ratón,“no se vayan todavía, que aún hay más”, porque en lo que se refiere a lo argumentado por el contribuyente “en su escrito de alegaciones, presentado el 10/02/2016 (¡atención!, el único día entre la STS y la enorme cobertura mediática de ese trascendente pronunciamiento judicial), que (…) el Tribunal Superior de Justicia de Galicia defiende una posición favorable a la exención prevista en el artículo 33 de la Ley del IRPF, (…), esta postura jurídica ha sido controvertida y en algunos tribunales superiores de justicia han estimado las pretensiones de los reclamantes (obviamente, del cerrojazo del Supremo a este debate, ni una palabra), no obstante los órganos de gestión tributaria mantendrán la postura establecida por la doctrina administrativa, diversas sentencias (sic) del Tribunal Económico Administrativo y las consultas vinculantes de la DGT, que es el órgano encargado de la interpretación (…) considerando el pacto de mejora como una adquisición (que) -…- origina para el transmitente una variación patrimonial regulada en el apartado 1 del artículo 33 de la Ley de IRPF. Por tanto, las alegaciones son desestimadas”.

Algo debe pasar, porque no escucho los aplausos del tendido a este genuino “toreo de salón”.

A ver, porque aquí se yuxtaponen varias “taras”:

  • Que el TSJ-Galicia haya interpretado (tan reiterada como concluyentemente; vgr.: en sus sentencias de 28/10/2010, 24/9/2012, 19/6/2013, 11/6/2014 o 29/10/2014) que los pactos sucesorios no pueden determinar plusvalías gravables en sede del transmitente, parece ser una mera anécdota y, como tal, del todo baladí a los ojos de la AEAT.
  • Tampoco debe de ser relevante que el mismísimo TEAR-Galicia (vgr.: resolución de 15/9/2014), “con el fin de evitar a los interesados un peregrinaje por las distintas instancias revisoras para ver satisfechas sus pretensiones, este Tribunal ha decidido modificar el criterio que había venido manteniendo hasta la fecha, asumiendo lo argumentado por el Tribunal Superior de Justicia de Galicia” en el sentido de interpretar que el transmitente no queda sometido al IRPF por la eventual plusvalía aflorada con motivo del pacto sucesorio.

No, aquí lo único y realmente trascendente son las “sentencias” (sic; ¡ay, cuando esos lapsus linguae delatan errores conceptuales de bulto!) emanadas del TEAC y la doctrina de la DGT. Y, por supuesto, el hecho de que el TS, una semana antes dictara una sentencia (profusamente divulgada por todos los medios de comunicación) mediante la que cerraba este debate, es algo que no tiene la relevancia suficiente como para impedir que se giren “paralelas” que tomen como base esa virtual plusvalía del transmitente.

¿Saben a qué me recuerda esto? A una anécdota vivida durante mi etapa universitaria cuando, en el Colegio Mayor en el que yo vivía, se montó un amago de sublevación (propio de esa etapa juvenil tan levantisca) exigiéndole a la dirección que, en virtud de algún principio constitucional básico, abriera una línea de comunicación que nos permitiera a los estudiantes canalizar nuestras legítimas propuestas. La reacción de la dirección colegial fue argumentar que allí la única norma aplicable eran los estatutos colegiales, que lo de la Constitución sonaba a algo “elevado”… Es decir, que como ya apunté en su día, en lo que a la práctica de la AEAT se refiere, en ciertas ocasiones, esta parece proclive a vivir en una suerte de “matrix” particular.

En este punto, este lamentable episodio entronca con el del célebre impuesto sobre las ventanas que estuvo vigente en Inglaterra entre 1696 y 1851 -¡más de siglo y medio!-; y ello a pesar de que generó efectos colaterales del todo dañinos: como su tarifa era progresiva (a más ventanas, más impuesto), la lógica reacción de los contribuyentes fue tapiar “huecos”, lo que redujo la saludable ventilación de las viviendas, incrementando exponencialmente dolencias como la disentería, gangrena o tifus. La triste experiencia del “windows tax” ha sido objeto de un reciente estudio académico en el que se concluye que su incomprensiblemente dilatada existencia solo pudo responder a la necesidad de sufragar el creciente desmedido gasto público, porque el Estado (o las CC. AA., o ayuntamientos; me da igual que me da lo mismo) es insaciable en su infinita capacidad de gastar… Pues aquí, con el IRPF de los pactos sucesorios, tal pareciera más de lo mismo. ¡¡¡Ufff!!!

Y, además, siendo esto así, yo me pregunto: entre los resultados antifraude exitosamente “vendidos” por la AEAT hace apenas unos días, ¿también se estarán computando “paralelas” como éstas? Ojalá me equivoque, pero estoy convencido de que sí. Y esa anual puesta en escena de los triunfales resultados antifraude -además de olvidar que un país en el que año tras año se “aflora” más fraude, tiene un serio problema tributario-, también obvia que las estadísticas evidencian que la AEAT pierde, ya en la propia vía administrativa, el 30% de sus pleitos, y otro 30% adicional en la judicial (ergo la teórica conjunción de ambos datos nos daría una falibilidad del 51% de la AEAT). Siendo esto así, creo que ya es hora de traer al ámbito impositivo esa máxima penal (“es preferible un culpable libre, que un inocente preso”), bajo la fórmula de “mejor un defraudador impune, que un cumplidor indebidamente regularizado”. ¡Sea!

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Javier Gómez Taboada. Abogado tributarista.

Socio de MAIO LEGAL

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4 respuestas a El hábitat de la AEAT: ¿un matrix?

  1. Juan Castro dijo:

    No podría estar más de acuerdo con tu análisis Javier.

    Los que nos dedicamos a esto de “lo fiscal” siempre lo tuvimos claro: Hacienda pleitea contra pobres. No le supone esfuerzo alguno sacar liquidaciones a la calle ya que éstas obligan al contribuyente a pleitear, a bajar a la trinchera; teniendo en cuenta que, para ello, debe o bien ingresar el resultado de la regularización practicada, o bien avalarlo.

    Y el asunto está muy bien estudiado. Estoy seguro. Entre aquellos que prefieren pagar y olvidarse del asunto y aquellos que, aún recurriendo, obtienen resoluciones desestimatorias, la Administración debe obtener un buen pico.

    Lo cierto es que el concepto de seguridad jurídica es cada vez más utópico. Tal es así que su simple mención empieza a generar una carcajada generalizada en los profesionales del medio. Ya no creemos ni en milagros.

  2. Roberto dijo:

    Magnífico artículo que pone de relieve esa “realidad paralela”, lejos de toda lógica y sentido común, en que vive nuestra Agencia Tributaria.

    Lo he leído con mucho interés, como siempre.

    Sigue así.

    Saludos.

  3. Muchas gracias, Juan y Roberto, por vuestros comentarios.
    Un afectuoso saludo.

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