De Van Gogh a Juan Gris, pasando por una caja de seguridad

Hace apenas unos días asistí al X Congreso Tributario que, coorganizado por el CGPJ y la AEDAF, se celebró en Oviedo. Este foro es una ocasión idónea para reflexionar sobre asuntos fiscales de candente actualidad, máxime considerando que en el debate intervienen (ya sea como ponentes, o con interpelaciones como asistentes al hilo de los coloquios abiertos tras cada ponencia) magistrados, funcionarios de la Administración tributaria (principalmente, aunque no en exclusiva, de la AEAT), asesores fiscales y docentes universitarios. Esa mixtura favorece la altura de los respectivos argumentos, incidiendo en el nudo gordiano de los asuntos sometidos a análisis que, ya de por sí, son vidriosos. Entre otros, en esta ocasión, se abordaron las medidas cautelares de carácter tributario, extremo este que, además, en ciertas ocasiones -como pudiera ser, por ejemplo, con motivo del registro de cajas de seguridad ubicadas en entidades financieras -, entronca con el derecho a la intimidad. Y es que el asunto, como tantos otros, da mucho juego.

Prueba de ello es el llamativo episodio que tuvo lugar el pasado mes de diciembre y que ahora ha trascendido públicamente: Con motivo de la apertura de una caja de seguridad, la AEAT encontró todo un Van Gogh; en concreto uno que lleva por título “Ciprés, cielo y campo”, datado en 1889 y cuyo rastro se había perdido en 1974 en Viena. La sorpresa de los funcionarios de la AEAT presentes en el hallazgo debió de ser mayúscula, y es que un reciente peritaje ha acreditado, con elevadas dosis de certeza, la autenticidad de la autoría. Ahí es nada.

La relación entre las obras de arte y el erario ha tenido episodios curiosos, cuando no cuasinovelescos. Sin ir más lejos, con motivo de la malhadada DTE (en el argot, “amnistía fiscal”), se suscitó un interesante debate doctrinal (con su obvio componente práctico) acerca de la posibilidad de aflorar el patrimonio artístico que algunos contribuyentes pudieran mantener oculto a la AEAT. Pero, si de arte se trata, quizá el caso más sonado fue el protagonizado por un célebre periodista de la etapa de la transición que, al objeto de sufragar una deuda tributaria -cabe recordar que este es un método de pago tan peculiar como interesante, pues la probable plusvalía aflorada con la entrega de la obra de arte queda exenta de impuestos-, ofreció a la AEAT un Juan Gris que, tras haberse acreditado inicialmente su autenticidad, a la postre resultó ser falso. El caso, en su día, dio mucho de sí.

"Ciprés, cielo y campo", Van Gogh
“Ciprés, cielo y campo”, Van Gogh

En otro orden de cosas, y salvando las obvias distancias entre unos casos y otros, tampoco puedo evitar rememorar aquella célebre controversia entre dos comunidades autónomas (Madrid vs Asturias) que tenía por objeto determinar cuál de ellas era la legítima acreedora del impuesto sobre sucesiones (ISD) devengado con motivo del fallecimiento de un célebre empresario. El asunto tenía su aquel pues había discrepancias de peso sobre la concreta localización de su residencia habitual durante el año inmediatamente anterior a su fallecimiento en enero de 1993. La cuestión es que, al margen del interés crematístico por hacerse con la cuota del ISD (cifrada, en euros, en algo más de ¡66 millones!), el asunto se aderezaba con el hecho de que ese ISD fuese sufragado en especie mediante la entrega de más de 400 obras de arte (muchas de ellas, pinturas; toda una pinacoteca) que, con tal motivo, pasaron a formar parte de la colección permanente del Museo de Bellas Artes del Principado de Asturias. Obviamente, el asunto era peliagudo y ambas CCAA esgrimieron todos los argumentos jurídicos que consideraron legítimamente oportunos para lograr la titularidad de tan fabuloso legado artístico. No menor fue el valor que, en semejante debate probatorio, tuvo la expresa manifestación hecha por el alcalde de Oviedo acreditando la residencia del finado, a la que la sentencia de la Audiencia Nacional de 2.11.2000 (ratificada por el Tribunal Supremo en la suya de 7.2.2006) le atribuyó que “sí que ha de tener entidad suficiente para enervar, conjuntamente con el resto de las pruebas aportadas, la presunción “iuris tantum”, derivada del padrón municipal por un doble orden de razones: en primer lugar, porque frente al puro sustrato formal de la inscripción en un padrón municipal ha de prevalecer la realidad material inherente al testimonio de la primera autoridad municipal; y, en segundo lugar, porque con arreglo a la precitada doctrina del Tribunal Supremo la noción administrativa inherente al empadronamiento resulta irrelevante a los efectos de acreditar la efectiva residencia en un determinado lugar, lo que no ocurre con la declaración de actual referencia que se refiere a una real residencia habitual”.

Todo, tan real como la vida misma (o, como dicen los franceses, c´est la vie).

 

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Javier Gómez Taboada. Abogado tributarista.

Socio de MAIO LEGAL

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3 respuestas a De Van Gogh a Juan Gris, pasando por una caja de seguridad

  1. jose luis bosch dijo:

    Querido Javier: te doy la razón en todo. Que el Congreso Tributario -gracias a AEDAF, al CGPJ y a su director, Manuel Baeza- es un referente intelectual inexcusable en esta materia es indudable.
    Que las medidas cautelares están siendo uno de los problemas principales con que se encuentran los contribuyentes, es también indiscutible, y, además, creo que la regulación jurídica de la materia deba bastante que desear -te adelanto que AEDAF y Tirant lo Blanch van a publicar una monografía interesantísima sobre el tema (en cuanto se dé a conocer el Proyecto de modificación de la LGT, para tenerla actualizada) que ha realizado Carmen Uriol (a la sazón, mi mujer)-. Solamente una anécdota relacionada con el Congreso: si recuerdas -seguro que sí-, el representante de la AEAT afirmó que no veía que fueran un problemas las medidas cautelares que aseguraran el cobro de la deuda tributaria porque, de hecho, había pocos recursos interpuestos. Argumento falaz.¿Para qué poner una REA contra una medida cautelar cuya duración máxima son 6 meses, prorrogables por otros 6, si, cuando resuelva el TEAR, y no digamos el TSJ o AN, por ejemplo, anulándola, el contribuyente ya ni se acuerda de lo que hizo la AEAT? Y si se acuerda, ¿es momento, entonces, cuando a lo mejor ya ha cerrado la empresa, de solicitar responsabilidad patrimonial????
    Y, en tercer lugar, es obvio que las disputas por determinar la residencia habitual y efectiva de un contribuyente, a efectos de ISD -fruto de esa competencia fiscal entre ellas, que yo no entiendo porqué se critica tanto normalmente por quienes más se afanan en solicitar federalismo o, incluso, independentismo; pero se ve que no en el terreno fiscal-, es otro de los temas importantes al hilo de la aplicación de los beneficios fiscales establecidos por algunas CCAA (entre ellas, la mía, Valencia y Madrid), sobre los que, además, como bien sabes, el TC se pronunciará -suponemos que más tarde, que pronto- a raíz de la cuestión de inconstitucionalidad elevada por el TS.
    En definitiva, un acierto tus comentarios, como siempre.
    Un abrazo.

  2. Muchas gracias, José Luis, por tus acertadas observaciones. Como bien dices, en lo que al ISD se refiere toca esperar la interpretación del TC (y, digo yo, también la del TJUE, ¿no?).
    Un abrazo fuerte.

  3. En relación con el comentario de José Luis Bosch, adjunto un “link” a un documento de trabajo del IEF relativo a las medidas cautelares cuyo autor es, precisamente, el ponente de la AEAT en reciente Congreso Tributario.
    http://www.ief.es/documentos/recursos/publicaciones/documentos_trabajo/2014_06.pdf

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