Asuntos de familia

La familia es una institución dinámica, sometida a cambios, tanto sociales como simplemente temporales (entendiendo por tales los causados por el mero transcurso del tiempo, de la vida y de la muerte, por ejemplo). El derecho, por su parte, reacciona siempre después de la realidad que está obligado a modular, siendo así que, en ocasiones, se producen “disfunciones” entre esta y aquel. Y cuando la rama del derecho objeto de nuestra atención es la tributaria parece que ese “desacompasamiento” se agudiza, dando así lugar a circunstancias ya merecedoras de alguna atención. A algunas de ellas dedicaré la presente entrada de este blog.

La primera de ellas se refiere a la peculiar circunstancia que en el ámbito del impuesto sobre sucesiones y donaciones (ISD, aunque también la imagino extrapolable a alguna otra figura tributaria) se le produce a los parientes por afinidad del fallecido cuando, ya con anterioridad a ese óbito, hubiera fallecido la persona que precisamente servía de vínculo, de engranaje, de esa afinidad. Caso prototípico -pero no único- es el del cónyuge supérstite (viuda/o) respecto a la familia consaguínea de su marido/esposa muerto con anterioridad. El asunto creo que es merecedor de un análisis jurídico en profundidad, pero a los efectos aquí pretendidos baste señalar que, en tales circunstancias, a ese cónyuge supérstite llamado a la herencia de un pariente por afinidad se le cuestiona su derecho a beneficiarse de las reducciones por parentesco que el ISD contempla, pues se entiende (véanse las contestaciones de la Dirección General de Tributos -DGT- de 4/5 y 25/10/2007) que precisamente aquel fallecimiento previo trae consigo la extinción del vínculo por afinidad. El asunto, como tantos otros, dista de estar claro (precisamente por ello me hago aquí eco de él), pues baste señalar que los TSJ de Murcia y Asturias han cuestionado esta interpretación en sus Sentencias de 25/5/2007 y 20/2/2009, respectivamente.

El segundo escenario vidrioso nos lo sirve en bandeja la reciente resolución del Tribunal Económico Administrativo Central (TEAC) del pasado 27/6 que, saliendo al paso de lo sostenido previamente por un TEAR, analiza la naturaleza de los 8.000 € señalados por la normativa del IRPF como umbral máximo de rentas anuales del ascendiente que habilitaría la aplicación del, así denominado, “mínimo por ascendiente” por el contribuyente que conviva con él. Pues bien, lo cierto es que el TEAC ha definido esas “rentas anuales” como “rendimientos netos y no rendimientos netos reducidos (…). En relación con lo anterior, (…), debemos tener en cuenta las diferencias técnicas y conceptuales existentes entre gastos deducibles y reducciones, pues mientras que los primeros determinan las rentas netas (esto es, los ingresos menos los gastos -…-), en cambio las reducciones son unas minoraciones específicas que no determinan renta neta, sino que constituyen un elemento (…) ajeno al concepto de renta anual máxima”. Y esto, en esencia, ¿qué significa? Pues por sintetizar: que para calcular ese tope de rentas anuales de los ascendientes no habrán de computarse conceptos tales como, por ejemplo, la reducción del trabajo que, de hacerse, permitiría incrementar sensiblemente la cuantía que habilita -o no- la aplicación del ya mencionado mínimo por ascendientes.

Otro más. El pasado 14/10, a través de una nota publicada en su página web, la AEAT salió al paso de la solicitud -parece que planteada por un llamativo número de contribuyentes- de rectificación, y consiguiente devolución, de los IRPF no prescritos con fundamento en la posible exención de los importes abonados por la Seguridad Social en concepto de prestación por maternidad. El asunto, que parecería haber tomado cuerpo a través de reiterados mensajes telefónicos, trae origen de una sentencia del TSJ Madrid de 3/2/2010 que, interpretando el artículo 7.h) del Texto Refundido del IRPF (“también estarán exentas las prestaciones públicas por maternidad percibidas de las CC.AA. o entidades locales”), sostiene que “del texto (…) se desprende que la exención que se establece (…) no parece pretender que su alcance se limite a las concedidas por las CC.AA. o entidades locales, sino que trata de establecer la exención de todas las prestaciones por maternidad, sin distinción del órgano público del que se perciban”. De momento no me consta la existencia de pronunciamientos adicionales sobre este particular extremo (más allá de su mención colateral en la CV1441-11 de 7/6), por lo que habrá que seguirlo de cerca.

El último (por el momento) episodio tributario-familiar se refiere a la idiosincrasia que confluye en aquellos contribuyentes del IRPF que, mediando un convenio regulador de divorcio en tal sentido, tienen la custodia compartida de los hijos. El punto controvertido, en este caso, se centra en el tratamiento que el IRPF atribuye a los importes satisfechos a esos hijos en concepto de alimentos que, aunque (a diferencia de lo abonado al excónyuge) no pueden desgravase en el IRPF del pagador, sí que se computan separadamente del resto de su base imponible lo que, dado el carácter progresivo del impuesto, puede conllevar sustanciales ahorros fiscales. Pues bien, lo cierto es que la DGT en una contestación del pasado 26/3 niega esa segregación de la base imponible correspondiente a los alimentos en los casos de custodia compartida, al interpretar que el mínimo por descendientes (sobre cuyo requisito de convivencia entiendo que incidiría el espíritu de la sentencia del Tribunal Constitucional 10/2012, de 15/2) y el régimen de alimentos son incompatibles, siendo así que la DGT sostiene que esa incompatibilidad lleva a que el mínimo por descendientes se prorratee al 50% con exclusión de beneficio fiscal alguno a los alimentos de los hijos, lo que no sólo impide la aplicación simultánea de ambos regímenes (mínimo y alimentos), sino que no cabe opción alguna por parte del contribuyente que se verá, de este modo, imperativamente compelido a aplicar el mínimo por descendientes en detrimento del régimen de los alimentos que deviene estéril. Así lo afirma la DGT: “el reconocimiento genérico de las circunstancias familiares correspondientes a ‘hijos a cargo’ a través del mínimo familiar hace que prevalezca el mínimo por descendientes sobre la aplicación de la escala de gravamen a las anualidades (por alimentos), aplicación ésta que cabe entenderla como una respuesta del legislador a la inexistencia del mínimo por descendientes”. Parece que esta argumentación administrativa presenta alguna fisura, por lo que cabe augurar litigios sobre este controvertido punto.

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Javier Gómez Taboada. Abogado tributarista

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5 respuestas a Asuntos de familia

  1. Ignacio Arráez dijo:

    Gracia Javier, tan interesante como siempre.

  2. Juan Castro dijo:

    Suscribo plenamente el comentario anterior. Particularmente interesante me resulta la posible exención de los importes abonados por la Seguridad Social en concepto de prestación por maternidad. Si se confirma, que no creo viendo la nota publicada en la web de Hacienda y la prohibición de analogía tributaria del artículo 14 de la LGT, tendrán una avalancha de escritos de devolución de ingresos indebidos.

  3. Alfonso Peralta dijo:

    Muy interesante el post, muchas gracias Javier. Sin embargo, aclarar, que el primer caso que comenta sobre la afinidad sí considero que está resuelto convenientemente por el TS a pesar de los intentos de “colarla” por algunas Consejerías de Hacienda. He tenido recientemente dos asuntos de este tipo y hemos ganado los recursos en el Tribunal Económico Administrativo Regional de Madrid.

    Se trataban de liquidaciones del Impuesto de Sucesiones donde la Dirección Gral rechaza la reducción y el correspondiente coeficiente multiplicador por considerar “El parentesco por afinidad se mantiene sólo si a la fecha de devengo del impuesto subsiste el vínculo que les une. Dicho vínculo desapareció antes del fallecimiento del causante por lo que el sujeto pasivo queda adscrito al Grupo IV y no procede reducción por parentesco”.

    Pero nada se establece que la ruptura del vínculo conyugal suponga la extinción de la afinidad. Así el TS el colateral en tercer grado por afinidad no es discutido. Entre otras (1847/2003 de 18 de marzo Sala Tercera, recurso 3699/1998, o Sentencia del Tribunal Supremo, dictada el 18 de marzo de 2003 (RJ 2003, 3773)), el TS en contra de la tesis del TEAC de mantenimiento de la afinidad sólo para ascendientes y descendientes, considera que también es para los colaterales. Siendo de aplicación el mismo Grupo III y coeficiente.

    El TS realiza una interpretación extensiva y un análisis de la evolución de los afines en el derecho muy interesante.

    También hay sentencias de numerosos TSJ en esta cuestón TSJ La Rioja (Sala de lo Contencioso-Administrativo, Sección 1ª), sentencia núm. 12/2012 de 11 enero. JT 2012\162 , TSJ Aragón (Sala de lo Contencioso-Administrativo, Sección 2ª), sentencia núm. 528/2011 de 24 octubre. JT 2011\131 1, TSJ C. Valenciana (Sala de lo Contencioso-Administrativo, Sección 3ª), sentencia núm. 581/2010 de 27 mayo. JT 2010\908 , TSJ Aragón (Sala de lo Contencioso-Administrativo, Sección 1ª), sentencia núm. 384/2001 de 28 marzo. JT 2001\1742 , TSJ Cataluña (Sala de lo Contencioso-Administrativo, Sección 4ª), sentencia núm. 776/2000 de 17 julio. JT 2000\1567, …

    La reciente 2715_2012 también lo deja muy claro en un recurso de casación de unificación de doctrina. Y es el TSJ de Madrid ha sido el único que ha interpretado la inclusión en el grupo IV y no en el III. (Sala de lo Contencioso-Administrativo del Tribunal Superior de Justicia de Madrid, de 1 de diciembre de 2003 (JUR 2004, 205790). Sin embargo, su TEAR ya aplica la jurisprudencia del Supremo.

    Un saludo

  4. Javier Gómez Taboada dijo:

    Muchas gracias por los comentarios.

    En lo que se refiere al planteado por Alfonso Peralta, ciertamente fundado, entiendo que aquí se ponen de manifiesto dos debates distintos sobre circunstancias fácticas asimismo diferentes:

    1) Si dentro del Grupo III deben entenderse incluidos los afines no sólo entre los ascendientes y descendientes (como parece desprenderse de su dicción literal) sino, también, los que lo sean con carácter colateral de segundo y tercer grado. A resolver esta cuestión se dedican, entre otras, las sentencias de los TSJ-La Rioja (11/1/2012) y Aragón (24/10/2011) citadas en su comentario.

    2) Cosa distinta es si la afinidad como tal (y con independencia del alcance colateral o no que pueda dársele) permanece más allá del vínculo matrimonial que, precisamente, facilita ese nexo NO consanguíneo. Sobre este extremo creo que la situación aun dista de estar clara, siendo prueba de ello que la STS de 18/3/2003, referenciada en su comentario, aún cuando analizaba un supuesto de hecho en el que concurría la premoriencia de la persona que generaba la afinidad, no fue ése el nudo gordiano de su decisión sino el valorar el alcance del Grupo III en el sentido ya expuesto en el anterior apartado 1). Sin embargo, otra STS, ésta de 27/9/2005 (de la Sala de lo Penal), califica a esos parientes como extraños tras la muerte del nexo de unión. Ésta es la tesis que sostiene la DGT en varias de sus contestaciones; siendo también cierto que, por su parte, la DGT de la Generalitat de Cataluña ya apuntado una solución intermedia: la afinidad puede pervivir a la ruptura del vínculo matrimonial si en ésta no ha operado la voluntad de los cónyuges (es decir, que la extinción por fallecimiento no provocaría la desaparición de la afinidad; no así la que tenga su origen en el divorcio o nulidad que conllevaría, asimismo, la finalización de la afinidad).

    Reitero mi agradecimiento por los comentarios.

  5. Javier Gomez Taboada dijo:

    Por estar íntimamente relacionado con uno de los aspectos comentados en el “post”, adjunto link a un reciente artículo sobre la pervivencia de la afinidad al matrimonio del que trae causa: http://www.elnotario.es/index.php/practica-juridica/3652-subsiste-postumamente-la-afinidad

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