A propósito de la reforma fiscal

Cristóbal Montoro, ministro de Hacienda y Administraciones Públicas

Cristóbal Montoro, ministro de Hacienda y Administraciones Públicas

El pasado viernes el Gobierno anunció su plan de reforma fiscal, pero ¿qué entendemos por reforma? Cuando una persona se dispone a reformar algo -pensemos en un piso- no se contenta con darle una mano de pintura. Se entiende que reformar es algo más, supone realizar los cambios oportunos para que aquello viejo al menos parezca nuevo…

Esa era mi idea hasta que descubro lo que todo el mundo se ha estado encargando en llamar reforma fiscal. Y eso que tenía buena pinta tras gastar “nuestros dineros” en la contratación de un comité de sabios que en un informe extenso, llamado Informe Lagares (creo que demasiado extenso, razón por la que pasó de ser un documento de obligada lectura a un tocho que encontraba su acomodo encima del bidé), marcaba las líneas maestras de lo que debía de ser la reforma fiscal española. A posteriori creo que la intención de ese estudio era clara: si me gusta y es adaptable a unas elecciones que se aproximan, lo hago mío, como la masa madre de la que se hace el pan; ahora sí, si es muy rompedor, con cambios que nadie espera y que no producirá el efecto electoral pretendido, lo guardo en un cajón asumiendo su no existencia y confiando en que nadie lo desempolve.
Evidentemente, la opción elegida fue la segunda, ya que las medidas avanzadas en el anteproyecto se parecen al informe en que se habla de impuestos. Si en una empresa se gastan miles de euros en un informe de una consultora que el gerente se dispone a guardar en un cajón, normalmente alguien sobra en la empresa: o el gerente o el que encargó el estudio.

Después está Europa. Sin su beneplácito vamos a bajar impuestos cuando hasta ahora parecía que nada se podía tocar sin su visto bueno, que existía un ente supranacional que tenía que poner sus dos manos sobre nuestras cabezas diciendo: “hijo, eso sí” o “eso no”. ¿En qué quedamos? Que nos aclaren de una vez qué competencias corresponden a cada quien. Si tenemos unas obligaciones de déficit y demás palabrería económica de moda, ¿cómo es posible que minoremos la carga fiscal con la utopía de un repunte de la actividad económica que en parte netea el efecto de la bajada de impuestos? Yo aún tengo el convencimiento de que desde Bruselas alguien levante el teléfono y nos diga un simple, concluyente y tajante: “¿De qué vais?”

Es impensable un país con servicios públicos de primera con una baja presión impositiva. En Dinamarca recientemente el pueblo se manifestó ante una bajada de impuestos porque existe la convicción de que las cosas funcionan gracias al dinero que todos aportan a las arcas públicas. Veo al danés transformado en fontanero o trabajador de un taller de coches en el anuncio de la Agencia Tributaria: “Jefe, sin IVA”, y el danés desconcertado, sería, reflexivo, contestando: “Y sin colegios, sin hospitales, sin parques…”
Aquí las convicciones son otras según en qué equipo juegues: cuanto más pago más roban, unos pagamos y otros no, sólo pagamos los currantes, a los autónomos nos machacan, los ricos son los que tenían que pagar, los que ganamos dinero mantenemos a todos los maleantes en paro…
Ese es el verdadero problema. ¿Solución? Difícil, pero no utópica ni intransitable:

1. Lista pública de morosos con las administraciones (esta vía parece que sí esta abierta. Veamos ahora si los criterios para la inclusión en la lista son razonables y no, como me temo, del tenor). Se incluirá en la lista a las empresas que deban más de x millones de euros y que a la vez hayan cometido infracciones tributarias, despedido a más de 10.000 trabajadores en los últimos 2 años, no presenten cuentas anuales y no lleven contabilidad ajustada al código de comercio; y a las personas físicas que, a parte de deber más de x millones de euros, tengan más de 2 antecedentes penales sin incluir los derivados de la conducción bajo los efectos del alcohol o drogas.

2. Ampliación del ámbito de aplicación de la prohibición de pagos en efectivo a cualquier operación, sea entre empresarios o entre particulares. Nadie por ningún concepto y en ninguna circunstancia podrá realizar pagos en efectivo superiores a 1.000 €.

3. Desgravación fiscal por facturas, o al menos control o algún tipo de seguimiento en los particulares.

4. Aumento de inspecciones a pie de calle con inspectores camuflados.

5. Dejar las competencias autonómicas en el ámbito fiscal en su mínima expresión evitando que si vivo en Madrid no pague sucesiones, ni donaciones, ni patrimonio, el IRPF al tipo máximo del 51,5% y el impuesto sobre transmisiones al 6%. Esto es un auténtico despropósito. Luego nos tiramos de los pelos con el anhelo de independencia de determinadas autonomías…

Y ya no voy más allá con medidas, esta vez si, algo más utópicas, que pondrían a más de uno en una situación de insomnio permanente: ¿se imaginan eliminar de la circulación los billetes de 500€ dando un plazo para canjearlos debiendo justificarse el origen del dinero o, en caso de no hacerlo, perdiendo a modo de sanción el 80% del importe?

 

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Francisco Soto Balirac. Asociado Sénior de J&A GARRIGUES

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2 respuestas a A propósito de la reforma fiscal

  1. Buenos días Francisco,
    Las medidas 1 a 3 y 5 que comentas son claramente acertadas y, de hecho, no estaría de más ir pensando en una eliminación del dinero efectivo para según qué transacciones económicas -v.g., visitas a médicos, dentistas, abogados…-. Eso solucionaría el fraude “en los ingresos” de muchos de esos profesionales. Eliminando los módulos, se solucionaría gran parte del fraude “en los gastos”.
    La medida 4 me parece algo más propia de una peli de Buñuel, pero no me parece mal.
    Por último, sí que debo hacer mención de que, por lo que a mí me consta -que, dicho sea de paso, algo sí que me consta- los expertos del sesudo informe, que también ha sido objeto de mis críticas, NO COBRARON por la emisión del mismo. De hecho, la última cena -no la de Cristo, sino la de despedida de la colaboración- también se la pagaron a escote…
    Fuerte abrazo,
    Esaú

  2. Pingback: Indemnización por despido en la reforma fiscal | Reforma Laboral 2012

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