037 o cómo sobrevivir en las Islas Kermadec

El archipiélago de las Kermadec, bajo soberanía neozelandesa, es uno de esos escasos territorios que se mantiene virgen, pues ya su propia lejanía (en pleno Océano Pacífico, a 1.000 km al noreste de Nueva Zelanda, que ya es decir) lo preserva de indeseables intrusos.

Claro que, en contra de lo que a simple vista pudiera parecer, no todo es idílico en esas remotas islas, pues la supervivencia allí no es precisamente placentera. Prueba de ello son los estrictos requisitos que la Administración neozelandesa exige a aquellos que, desafiando los elementos, aspiran -quizá algo temerariamente- a pasar una temporada en la Isla Raoul (la más grande del archipiélago) como voluntarios, haciéndose cargo de las tareas propias de conservación medioambiental. En efecto, un simple vistazo a la descripción de las aptitudes oficialmente requeridas nos hace ver que la vida en aquellas latitudes debe de ser todo menos paradisíaca: una estancia mínima de unos seis meses (para la que, a su vez, se requiere un entrenamiento previo de dos semanas), a lo que hay que sumar que, además, habrás de asumir que el contacto con el resto del mundo está restringido a esporádicas visitas de un barco con los indispensables víveres, que existirá una estrecha convivencia con otras nueve personas (a mí me suena a un “Gran Hermano” al natural, sin trampa ni cartón), que se necesitan conocimientos de escalada y supervivencia en circunstancias extremas, habilidades en construcción y reparaciones, … No sé a ustedes, pero a mí me parece que esa es la descripción de todo un McGyver.

Hace apenas unas semanas, me vi en la tesitura de enfrentarme al mítico impreso 037 (alta en obligaciones fiscales, en su versión -que quede claro- “simplificada”, pues de todos es sabido que este convive en armonía con su pariente 036, que este sí que es ya “para nota”). El caso es que cuando profundicé en las entrañas del 037 empecé a sentir sudores fríos, estertores casi diría yo, pues no es menor la trascendencia que se deriva de la adecuada (y, por tanto, acertada) cumplimentación del impreso en cuestión. Ante tal ataque de pánico, opté por violar uno de mis más sacrosantos principios y caí en la tentación del “comodín de la llamada” (léase, el servicio de información telefónica de la AEAT), del que lo más provechoso que obtuve fue que en la propia web de la AEAT hay una guía que me aclararía todas mis dudas. Acudí presto a disipar mis inquietudes, cuando comprobé, ya fuera de mí, que la susodicha guía “sólo” tenía -¡glups!- ¡¡¡453 páginas!!!. Alcanzado ya ese punto de no retorno, y poco antes de que mi cabeza empezara a girar 360º y a hablar fluidamente lenguas muertas, decidí desistir… Es decir, hice lo que debería haber hecho desde un principio: cubrir el 037 poniendo para ello todo mi mejor empeño y sentido común (ciertamente escaso). A partir de ahí, crucé los dedos y, casi sin mirar, lo presenté en un registro (físico, “of course) de la AEAT, no sin tocar madera para que mi exiguo patrimonio no estuviera en serio riesgo de convertirse en del todo inexistente.

Este significativo episodio coincidió en el tiempo con las noticias que salpicaron profusamente los medios de comunicación dando cuenta de las numerosas -y graves- dificultades que muchos autónomos tenían para proceder a la presentación telemática del resumen anual del IVA correspondiente al pasado 2013. Menos mal que aquí tenemos a Soledad Becerril que, en su condición de Defensora del Pueblo (aunque, dado lo titánico de su pretensión, quizá deberíamos equipararla a Juana de Arco o -mejor aún- a nuestras heroínas más cercanas, como María Pineda o la propia María Pita), ha osado solicitar a la AEAT que permita retomar el papel como medio para cumplir con esta obligación tributaria. Ojalá me equivoque, pero difícil lo tiene pues, según algún medio, la AEAT, lejos de cuestionarse lo acertado de esta inclusión manu militari en las nuevas tecnologías de numerosos contribuyentes, parece vanagloriarse de ello. Y, sin embargo, en lo que a mí respecta, confieso que aun siendo consciente de que es una batalla perdida, propia de románticos condenados a desfallecer (si no a fallecer) en el intento, me sigo preguntando ¿por qué no se permite que, aquellos que así lo deseen, sigan relacionándose con la AEAT como toda la vida, en papel? Quizá en breve tengamos la respuesta, pues la Audiencia Nacional acaba de admitir a trámite un recurso contra la obligatoria presentación telemática del modelo 390. Veremos.

En fin. ¿Qué quieren que les diga? ¿Incentivos para los emprendedores? ¿Facilidades para poner en marcha negocios? Por favor, que alguien nos saque de encima toda esta burocracia, papeleo, obligaciones telemáticas y demás zarandajas y ¡nos dejen trabajar de una vez! Eso sí, ¡con libertad! Por esta sensible simplificación burocrática se aboga desde diversas instancias (tanto desde la CEOE como desde el REAF ) con motivo de la futurible revisión integral de nuestro sistema fiscal.

Además, todo apunta a que el tiempo para que España adopte cambios sustanciales en este sentido se está acabando. A este respecto recomiendo la lectura del magnífico libro de Luis Garicano El dilema de España (Península Atalaya, 2014), que culmina poniendo la disyuntiva de si en 2034 seremos la Venezuela de Europa o, por el contrario, la Dinamarca del sur, siendo así que ello depende de las medidas que se adopten ya, y Garicano hace esta exposición ficticia (aunque esperemos que con visos de convertirse en una tangible realidad) de las medidas que podrían conducirnos al segundo -y más deseable- de esos eventuales escenarios: “El Gobierno anunció el objetivo Doing Business: un ambicioso plan para que España se situara a la altura de Singapur en los indicadores internacionales (en particular, el “Doing Business´´ del Banco Mundial) de facilidad para hacer negocios. Para ello el Gobierno consultó a un grupo de cinco expertos del Gobierno de Singapur que ayudaron a implementar un nuevo marco jurídico para la entrada y creación de empresas y la eliminación de licencias previas y otros trámites. (…) España disputa ya desde hace 10 años -continúa Garicano con su relato/ficción ubicado en 2034- a Corea, Singapur, Suiza y Chile los cinco primeros puestos de la clasificación de Doing Business del Banco Mundial”.

Pero mientras todo esto llega (confiemos en que así sea), debemos tomar consciencia de que, al final, va a resultar más fácil ser voluntario en la Isla Raoul que cumplir en tiempo y forma con las obligaciones fiscales en España. Y si no, al tiempo.

No te quedes con ninguna duda: consulta con tu gestor administrativo.

Busca el logo , garantía profesional.

SIGA

Javier Gómez Taboada. Abogado tributarista.

Socio de MAIO LEGAL

Esta entrada fue publicada en General y etiquetada , , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente.

7 respuestas a 037 o cómo sobrevivir en las Islas Kermadec

  1. La pasada semana dos jefes de Gestión de la AEAT de Cataluña vinieron a dar una charla a la sede regional de la AEDAF sobre novedades en los modelos informativos. En efecto, tal y como indicas, Javier, la palabra es “vanagloria”. Su conclusión fue que la Agencia va por buen camino pues se había superado la “fase” del IVA y, en la próxima declaración del IRPF, tampoco iban a existir impresos de declaración. Solo se podría hacer bajo el auspicio del programa PADRE. Obviamente, esta primera “fase” de la Renta traerá otra, que será en años sucesivos, en la que la presentación no solo será informática, sino telemática, desapareciendo absolutamente el papel.
    Estoy contigo. Es una batalla perdida y, lo peor de todo, es que los funcionarios concluyeron que quien sigue haciendo la Renta o el IVA en papel lo hace con ánimo defraudatorio. Sus palabras fueron que eso solo lo hacen los grandes patrimonios y los que saben de impuestos porque, claro, así la información no está automatizada y se necesita un funcionario que la traspase informáticamente.
    No digo que toda esta modernización no sea buena. En efecto, lo sería si la Administración también tuviera la empatía suficiente como para ver las nuevas y pesadas cargas formales que hunden al contribuyente.
    Nada, facilidades para los funcionarios y palos en las ruedas al contribuyente…

  2. Ignacio Arráez dijo:

    Qué palabras tan ciertas las tuyas, Javier.
    Y como dice Esaú, en necesario que la Administración tenga la “empatía” suficiente, empatía que desde luego no se consigue con medidas como las de obligar a presentar los impuestos en agosto, impuestos que hasta ahora se presentaban en septiembre. ¿Se ha estudiado cuantas empresas, o gestorías, tienen una única persona encargada de la presentación de los impuestos? Yo os lo digo: miles. Persona que se tendrá que ir de vacaciones con el portatil y el certificado de usuario. Desde luego no queda justificado en interés del Tesoro Público tan grave distorsión de la vida familiar.

  3. Juan Castro dijo:

    Totalmente de acuerdo con la reflexión final de Esaú. En los medios de comunicación (canal por el que le suele llegar la información al contribuyente de forma general) se hace mucho incapie en la cuota propiamente dicha de los impuestos a través de grandes titulares. Al contribuyente medio lo que verdaderamente le importa es si tiene que pagar más o menos.
    Desconocen éstos pues, en su mayoría, que el palo se lo están metiendo por otro lado. Concretamente en forma de obligaciones formales que, de un tiempo a esta parte, han venido a complicar un panorama fiscal ya difícil de seguir.
    A nivel personal intento ver la botella medio llena: a este paso, mis clientes me van a llamar hasta para consultarme el tipo de letra que tienen que poner en las facturas. Y eso nos hace necesarios.

  4. jose luis bosch cholbi dijo:

    Hola a todos: en mi primera incursión en el blog, una anécdota, posiblemente verídica. Cuenta la leyenda que un alto cargo de la AEAT en la legislatura pasada dijo que había que conseguir el “fuera PP”, que él interpretaba, pro domo sua, como fuera Papel y fuera Público (por contribuyentes visitantes a las sedes de la AEAT).
    Con eso, queda todo dicho, más allá del juego de palabras, ciertamente ocurrente.
    Un saludo.

    • javier gomez taboada dijo:

      Muchas gracias a todos por vuestras interesentes aportaciones.

      Especialmente gráfica resulta la anécdota relatada por José Luis (¡bienvenido!) pues lo grave es que, más allá de que sea o no verídica, lo cierto es que es del todo verosímil; y, eso, ya es mucho…

  5. HPérezTapia dijo:

    En mi humilde opinión has cometido un grave error de novato. De todos es sabido que en la interpretación del derecho tributario y en las relaciones con la administración tributaria, el único sentido que no se puede usar es el sentido común.

    Que sobre tu cabeza caigan las consecuencias de tal ocurrencia (posiblemente rayos, centellas y una lluvia de fuego y azufre en forma de requerimiento de información).

    En cualquier caso muy interesante la información. Os seguiré de ahora en adelante con mucha atención. Saludos.

    Héctor

  6. Pingback: Permisos, licencias, autorizaciones..., ¿qué hay de la libertad? | Espacio Tributario

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

*

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>